La esencia de Scaloni, al igual que la del equipo, se mantuvo intacta. La contundente victoria por 3 a 0 sobre Argelia, en el debut del Grupo J, demostró que los 1276 días transcurridos desde la obtención de la tercera estrella en Qatar no alteraron su carácter. En este contexto, el equipo cuenta con su figura más destacada: un impresionante Lionel Messi, autor de los tres goles, a quien sustituyó para que recibiera la ovación del público y abrazó al dejar el campo de juego, tras entregarle la cinta de capitán a Nicolás Otamendi.
«Lo de Leo es difícil de explicarlo; a nosotros no nos sorprende porque lo vemos diariamente. Hasta que él quiera será el mejor. Hace 20 años que lo hace todos los partidos, es emocionante verlo. No solo nosotros, los argentinos, lo disfrutamos; cualquier persona que ama el fútbol también lo ve. Con 38 años, lo que logró hoy es difícil de describir. Es el mejor de la historia y difícilmente lo igualen, aunque algunos piensen que lo digo por ser argentino», reflexionó Scaloni sobre la actuación del capitán, quien igualó al alemán Miroslav Klose como máximo goleador en la historia de los mundiales. Mientras el banco estallaba de jubilo por sus goles, sus expresiones se mantenían imperturbables, como si disfrutara de la brillantez del mejor jugador del mundo y cómo su estructura se sostiene en un nivel tan elevado.
La figura de Messi dominó la conferencia de prensa, y Scaloni no escatimó elogios. «Él lleva 20 años jugando bien; para nosotros, los últimos años en la selección han sido maravillosos. Quizás encontró naturalidad al saber que tiene un grupo de amigos a su lado, gente que se entregará al máximo por él, que lo ve como un dios pero también como un chico del barrio. Cuando tienen que hablar con él, lo hacen. Lo que transmite es increíble y lo que vive es imposible de explicarlo. Podría estar aquí hablando de él durante una hora, pero hay que estar allí para sentir el aura que contagia. Creo que la palabra clave es naturalidad: somos personas, algún día el fútbol se acabará, y es esencial que mientras tanto lo disfrute», complementó el entrenador.
Con la victoria ante Argelia, la Argentina rompió un hechizo: es la primera vez que la selección gana en su debut después de ser campeona en el Mundial anterior. En 1982 perdió con Bélgica y en 1990 con Camerún, ambos partidos en sus respectivos estrenos. Scaloni sonríe al recordar este dato porque logró romper esa tendencia. «La mente juega un papel importante; el tropiezo en Qatar era pesado. Ganar nos brinda tranquilidad para lo que viene. Son estadísticas y esperemos que se sigan rompiendo, porque dicen que es difícil repetir un triunfo. Ya veremos…», enfatizó.
Habiendo cumplido el objetivo en el duelo con los argelinos, se concentra en el siguiente desafío. «Aún queda un camino largo para llegar al final, pero siempre es positivo comenzar ganando, refuerza todo. Me gusta cómo juega el equipo: cuando hay que jugar, juega, y cuando se nos presentan problemas, el equipo se defiende correctamente. Thiago Almada y Lautaro Martínez han hecho un trabajo físico impresionante. Nos encanta que comprendan el juego y luego ingresen otros compañeros más frescos», detalló sobre algunas decisiones respecto a la alineación y la actuación de ciertos jugadores.
El resultado brinda tranquilidad, aunque Scaloni es cauto con respecto a la diferencia en el marcador. «El desarrollo fue complicado. En el primer tiempo, ellos hicieron las cosas bien. Sabíamos cómo jugarían y qué dificultades podrían generar, así que buscamos contrarrestar eso. Nos faltó mayor posesión en el primer período; sin embargo, más allá del gol anulado, no generaron situaciones», aclaró quien no recurre a fórmulas mágicas, ya que su estilo se fundamenta en el trabajo y la calidad de quienes componen el equipo. «Solo los ponemos en la cancha y les recordamos que deben seguir jugando. Desde pequeños son los mejores en sus equipos; no es difícil hacerles entender que deben proseguir, porque les gusta competir. El equipo supo sufrir, contrarrestar con algunos contragolpes, lo cual no es nuestro estilo habitual, pero lo logramos», agregó.
El próximo reto será resolver el partido con Austria el lunes para encarar la última fecha contra Jordania con un camino despejado y la posibilidad de dar descanso a algunos jugadores y dar minutos a quienes no han jugado. «Hemos podido dar tiempo de juego a algunos chicos; todos quieren participar, y ojalá que tengamos un buen resultado en el próximo encuentro para que en el tercero podamos rotar», concluyó el director técnico de 48 años sobre la estrategia a seguir, aunque no quiere apresurarse.
La Argentina mostró su chapa de candidato y el seleccionador no se inquieta por ello. «Ese no es un problema para nosotros. Este equipo sabe que cualquier puede ganarnos. Si te confías siquiera un poco, cualquiera puede ganarte. Tenemos el ejemplo de Arabia Saudita, y en este Mundial están saliendo muchas sorpresas. Si trabajamos como hoy, será difícil que nos derroten. Movieron la pelota, es cierto, pero sabemos que si la recuperamos, contamos con jugadores decisivos. Los rivales reconocen que somos un equipo competitivo; no es sencillo, a pesar de que la posesión no estuvo de nuestro lado. Hubo futbolistas hoy que cumplieron roles distintos según lo pedía el rival, quien contaba con jugadores complicados en el uno contra uno. La adaptación del equipo fue clave para nuestro beneficio», reflexionó sobre las fortalezas del plantel.
Scaloni considera a algunos futbolistas como líderes dentro de la estructura del equipo, sin importar en qué liga jueguen. Rodrigo De Paul y Nicolás Otamendi, quien firmó con River, son ejemplos. «Las ligas en las que juegan no son importantes; lo que valoramos es el rendimiento. Si juegan bien y están físicamente bien, ofrecen un plus al jugar junto a compañeros que conocen. Sin embargo, él sabe que no puede bajar su rendimiento: durante la pausa de hidratación le dije que debía esforzarse más. Es un jugador que nos contagia mucho, y cuando su rendimiento disminuye, el equipo lo siente; por eso le pedí que mejorara», señaló Scaloni sobre De Paul, el volante que juega en la Major League Soccer.
Respecto al defensor, quien fue suplente y ingresó en el segundo tiempo, indicó: «Constantemente estamos tomando decisiones. Quien entra, quien sale. Se lo comunicamos a él antes que a nadie. Lo mismo sucedió en la pasada Copa América, y lo aceptó. Ellos comprenden que la dirección técnica no es personal con nadie y que siempre buscará lo mejor para el equipo. A todos les gustaría jugar, pero el diseño del equipo requiere de 11 jugadores, buscando el funcionamiento ideal. Es crucial, incluso si no juega, porque la forma en que se entrena es esencial. Lisandro Martínez y Cuti Romero están en buena forma y tienen buen entendimiento: Lisandro ha vuelto bien de su lesión y estamos satisfechos con sus aportes», comentó sobre las elecciones para la defensa central.
También se refirió a Leonardo Balerdi, quien fue desafectado. «Fue una decisión dolorosa. Son resoluciones que tomamos los entrenadores, y dado cómo estábamos en la posición de centrales, iba a ser complicado esperarlo; fue muy duro. Lo tuve en la Sub 20, lo aprecio mucho y sé de su potencial. Le mandé un fuerte abrazo y hablé con él sobre la situación. Todos conocen lo que significa perderse un Mundial; saben lo que implica atravesar momentos difíciles y lo que significa para aquellos que les importa», relató, y comentó sobre la cohesión del grupo en esos instantes: «Siempre creí que la relación va más allá de si el balón entra o no, porque puedes salir al campo junto a un compañero que siente las cosas igual que tú. Siempre intenté relacionarme bien con todos, me preocupé por el de al lado, y estoy convencido de que eso sumó».
Scaloni percibe el apoyo del público como un aspecto vital. «El aliento de la gente es fundamental, ver cómo disfrutan y también cómo sufren cuando el equipo enfrenta dificultades. Ellos son quienes nos levantan de los momentos difíciles. Es algo emotivo. Cuando estamos fuera de nuestro país, somos muchos más hinchas. Ojalá todos los argentinos pudieran experimentar lo que yo siento en el banco de suplentes; esta vivencia se queda grabada en la memoria».
