Los datos publicados por el INDEC indican que, por novena vez consecutiva, la CBT experimentó un aumento superior al 2%. Así, una familia tipo, conformada por una pareja de adultos y dos hijos en edad escolar, necesitó $1.531.473 para no ser considerada pobre.
En cuanto a la CBA, esta creció un 1,3% en junio, superando el 2,2% de mayo, pero se mantuvo por encima del 1,1% de abril. Estos datos revelan que una familia debe obtener ingresos mínimos de $689.852 para evitar caer en la indigencia.
Las bajas subas en los precios de alimentos explicaron en gran medida la desaceleración observada en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que ascendió al 1,9%. La categoría de Alimentos y Bebidas, la de mayor peso en el IPC, mostró su menor incremento desde junio de 2025, debido a la estabilidad en los precios de la carne y las bajas en los costos de frutas.
Por otro lado, la llegada de las vacaciones de invierno impulsó el IPC, reflejado en los ajustes de precios en paquetes turísticos y diversos servicios de Recreación y Cultura. Además, los aumentos en tarifas eléctricas, alquileres y medicamentos también contribuyeron a la presión inflacionaria.
Este incremento en bienes y servicios no alimentarios explica la aceleración de la CBT, mientras que el comportamiento de la CBA, que exclusivamente contempla alimentos y bebidas, fue opuesto.
Es importante destacar que el INDEC elabora la canasta alimentaria tomando en consideración las necesidades calóricas y nutricionales esenciales, así como los patrones de consumo de la población basados en la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGHo). Esta encuesta también aporta información sobre la relación entre gastos alimentarios y no alimentarios, utilizada para definir la canasta total.
Con los datos más recientes, ambas canastas han aumentado un 17% en el primer semestre, apenas por encima de la inflación general, que se situó en 16,8%. En términos interanuales, la CBA creció un 36,3%, mientras que la CBT lo hizo un 35,7% y el IPC alcanzó un 33,5%.
