Paolo Rocca: pasiones y desafíos del industrial argentino más influyente

“Don Chatarrín de los Tubitos Caros”. Así se refirió Javier Milei a Paolo Rocca por primera vez el 27 de enero en un mensaje en redes sociales, provocando desconcierto en el empresario. Cada mención posterior de ese apodo burlón por parte del presidente, que se reprodujo a fines de febrero y en su discurso en el Congreso, fue percibida por Rocca como un latigazo doloroso. A pesar de que su estrategia fue evitar la confrontación y desescalar el conflicto, incluso ante los ataques directos de Milei en eventos como la Argentina Week en Nueva York, su silencio fue la respuesta predominante. A lo largo de su trayectoria, Rocca ha cultivado relaciones con diversos gobiernos, siempre con un enfoque que combina cercanía y tensiones. Sin embargo, optó por una actitud reservada, incluso cuando tuvo la oportunidad de hablar en la CERAWeek en Houston, un importante encuentro mundial del sector energético, donde no aludió a los comentarios del presidente. En una reunión anterior, durante la presentación de resultados de Tenaris, hizo apenas una referencia breve a la licitación que había perdido contra la empresa india Welspun, minimizando el impacto de la situación al afirmar que esas cosas pasan en los negocios; también destacó el carácter privado de la licitación, sugiriendo que no se trataba de un tema que mereciera mayor atención. Paolo Rocca, destacado industrial argentino y líder de Techint, tenía otras preocupaciones en mente.

Rocca nació el 14 de octubre de 1952 en Milán. Ese mismo año comenzó la construcción de la planta de Dálmine Siderca en Campana, y tres años antes, Techint había completado su primera gran obra de infraestructura en Argentina: el gasoducto Presidente Perón, que se extiende por 1600 kilómetros entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires. Su abuelo, Agostino, fue una figura clave en el sector siderúrgico italiano durante el régimen de Benito Mussolini. Posteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial, fundó el conglomerado que lleva su nombre, un acrónimo que originalmente significa “Compañía Técnica Internacional”. La fecha oficial de creación del grupo es el 15 de febrero de 1946, día de San Faustino, que también da nombre a la sociedad a través de la cual los Rocca administran sus acciones en el holding.

Agostino tuvo gemelos, Roberto y Anna, y Paolo es el menor de los tres. Su madre, Andreína Bassetti, también pertenecía a una familia con un importante legado industrial en el sector textil lombardo. Paolo llegó a Argentina por primera vez a los 25 años para asistir al funeral de su abuelo, un evento que es recordado como uno de los momentos más emotivos en Campana. Cientos de obreros y vecinos se reunieron para acompañar el cortejo en un silencio respetuoso. Ese febrero de 1978 fue un hito para él: “Ahí, entendí algo y dije: ‘Yo quiero construir a partir de lo que estoy viendo’”, confesó tiempo después al recibir un premio en un evento del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

Su hermano mayor, Agostino, se formó en Administración de Empresas en la Universidad Luigi Bocconi, una prestigiosa institución económica en Milán, donde se especializó en Finanzas. Gianfelice, el del medio, optó por Física en la Universidad de Milán y luego se capacitó en gestión en Harvard. Paolo, en cambio, eligió Ciencias Políticas en la misma universidad estatal en una época donde predominaban el marxismo y corrientes de izquierda. Esta formación teórica influyó notablemente en sus ideas económicas y su enfoque práctico en los negocios que desarrollaría posteriormente.

Paolo también tuvo una experiencia académica en la escuela de Negocios de Harvard y trabajó en Washington como asistente del director ejecutivo del Banco Mundial. Se incorporó al grupo familiar en 1985, donde ejerció como asistente del presidente de una de las divisiones de Techint, la Corporación Financiera. Al regresar a Argentina en 1987, país que había elegido para vivir y crecer, se produjo un cambio significativo en su carrera tras el trágico fallecimiento de su hermano Agostino en un accidente aéreo en 2001. Desde 1990, Rocca lideraba el negocio de tubos y, tras asumir la dirección del grupo, Techint se expandió hacia la producción de aceros planos, particularmente gracias a la privatización de Somisa en 1992, que luego se rebautizó como Siderar.

La compra de la siderúrgica Sidor en Venezuela reforzó la expansión del grupo, que junto a la adquisición de Hylsamex en México por 2200 millones de dólares en 2005 forjó el embrión de Ternium, un holding de acereras establecido en ese año. Hasta ese momento, Techint ya había comenzado a internacionalizarse, pero fue bajo el liderazgo de Rocca y su visión de Tenaris que el grupo alcanzó una presencia global. En la actualidad, se erige como un gigante industrial con operaciones en más de 20 países, una plantilla de 89.000 empleados (de los cuales 18.000 están en Argentina) y generando más de 33.000 millones de dólares en ingresos en el último año, a través de sus negocios en siderurgia, energía (Tecpetrol), y grandes obras de infraestructura. Además, se están comenzando a incorporar incipientemente las actividades relacionadas con el litio y las energías renovables.

“Conservo mi lazo con Italia. Tengo una hija que vive y trabaja allí; mi hermano también está allí. Pero esta es mi base”, afirmó Rocca sobre su conexión con Argentina. Este arraigo ha motivado su implicación en el futuro del país, buscando influir en su desarrollo más allá de sus intereses personales. En una charla con estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UBA el año pasado, destacó la importancia de la relación de la empresa con la comunidad y la necesidad de abordar los problemas con una visión racional y un plan estratégico.

Bajo el kirchnerismo, la relación entre Rocca y el gobierno pasó de una cooperación inicial a un conflicto abierto, especialmente tras la expropiación de las AFJP, donde con su presencia en los directorios de Ternium y Tenaris se sintió el desencuentro. Axel Kicillof, entonces viceministro de Economía, se convirtió en una figura clave, proclamando que “habría que bajar el precio de la chapa y fundir al señor Rocca, pero no lo vamos a hacer”. Rocca había interpretado la estatización de YPF como una señal preocupante, y en un discurso en abril de 2012, comparó ser empresario en Argentina con la novela “Alicia en el País de las Maravillas”, manifestando que había que ser astuto para evitar problemas graves.

El sentido del humor corrosivo de Rocca se inscribió en su personalidad, que se hizo evidente en diciembre de 2023 durante un evento de ProPymes, donde despidió en tono irónico a Guillermo Francos, quien, en ese momento, fungía como Jefe de Gabinete. “El año pasado, pedí un aplauso para Sergio. No me fue tan bien…”, bromeó, provocando risas en el auditorio. En ese mismo encuentro, analizó el futuro afirmando ver “la posibilidad de un reset de la Argentina, que abra camino a las oportunidades en el país”. También se mostró optimista respecto a la administración de Milei, considerando que la limitación de la intervención del Estado sería favorable para el desarrollo del sector privado.

A medida que el entorno político se complejizó, surgieron especulaciones sobre el respaldo de Techint a Milei, dado el número de funcionarios de su gabinete provenientes del grupo. Ya se manifestó un fuerte lazo con Horacio Marín en YPF, apoyado por perfiles de Tecpetrol y Techint Ingeniería. Rocca consideró que Milei contaba con un mandato popular surgido del “hartazgo” con un estado en crisis y “deseo de cambio” ante “distorsiones acumuladas” en el contexto económico argentino. Aunque pronosticó un periodo “muy duro” que requerirá una considerable capacidad de contención social, su optimismo permanecía intacto.

No obstante, su mensaje crítico continuaba. Se destacó en sus intervenciones públicas, afirmando que había sido demasiado optimista respecto a la evolución del nuevo gobierno, y alertando que las dificultades estarían lejos de solucionarse con rapidez. “La Argentina recuperará credibilidad para volver a los mercados, pero tomará un poco más de tiempo”, enfatizó, una frase que resonó en los pasillos de la Casa Rosada.

Ese mensaje se volvió más complejo a finales de octubre, cuando asumió un rol destacado en la convención anual de Alacero, la asociación de productores de acero, celebrada en Buenos Aires. En esa ocasión, elogió a Milei, admitiendo que “está haciendo lo que dijo que iba a hacer”, pero también reclamó por un tipo de cambio donde la productividad fuera el motor, no el flujo de capitales de corto plazo, junto a un compromiso firmemente industrial por parte del Gobierno. En el contexto del entorno político, Rocca había cruzado una línea que Milei no perdonaría fácilmente.

El clima se tornó aún más tenso cuando, al transmitir sus inquietudes al Secretario coordinador de Producción, Pablo Lavigne, solicitó que el Gobierno fuera “empático”, tratando a las empresas históricas que habían contribuido al desarrollo del país con respeto y entendimiento. “Debemos entrar en este proceso de transformación de la Argentina queriendo ser protagonistas y no víctimas”, expresó Rocca, planteando la importancia de la participación activa del sector privado en el rediseño económico.

La respuesta del gobierno se tradujo en una decisión que el Ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había advertido anteriormente: abrir la exportación de chatarra, un insumo clave para la industria siderúrgica que había estado restringida desde 2009. La tensión entre las partes se intensificó durante el año electoral, alcanzando un punto crítico entre la derrota electoral en septiembre y el triunfo de Milei. En esa fase volatil, Milei llegó a insinuar que Rocca jugaba un papel en su percibido descalabro electoral. Tras la elección, se acusó a Techint de presionar en la adjudicación de la licitación del gasoducto, sugiriendo que la empresa amenazaba con llevar a cabo despidos en su planta de Siat en caso de no conseguir el contrato, lo que fue desmentido por el grupo. Eventualmente, Rocca se retiró del día a día de Tenaris para concentrarse en nuevas pasiones y en los desafíos que emergen tras estos cambios políticos.

“Planificó esta transición durante los últimos tres años”. Esa fue la aclaración que hizo Gabriel Podskubka el 7 de mayo, en su primer llamado como CEO global de Tenaris. Aún con el trasfondo cargado de tensiones y rumores, el empresario había dejado su cargo histórico después de 35 años en la estructura interna del grupo. Los portavoces del holding afirmaron que su decisión no se vinculaba con su relación conflictiva con Milei, sino que se enmarcaba en un proceso de renovación generacional que había sido implementado en todas las divisiones del grupo en la última década. Con una nueva dirección conformada por ejecutivos capacitados, la asociación se enfrenta a retos contemporáneos.

A sus 73 años, con dos hijos, Rocca continúa al mando del grupo Techint, pero liberado de las demandas del cargo en Tenaris, puede ahora dedicar tiempo a sus intereses personales. Si bien algunos empresarios están cada vez más enfocados en el país, Rocca ha expresado preocupaciones más profundas sobre su futuro. Durante la conferencia anual de la asociación siderúrgica de Brasil, donde Techint posee Usiminas, una de las mayores productoras de acero, expuso: “El consumo de acero no crece porque nuestras economías crecen muy lentamente, en un modelo que privilegia los productos primarios y los sectores financieros y de servicios”. Comparó el crecimiento del Mercosur, que en 2008 representaba el 4,1% del PIB mundial y que para 2023 se redujo al 3%.

Mencionó que, en términos de PIB per cápita, los países desarrollados habían visto incrementos significativos a diferencia de las economías latinoamericanas, que apenas crecieron un 10% en 15 años. “Esa es la imagen de un fracaso colectivo, que ha tenido consecuencias muy graves para la calidad institucional y la gobernabilidad en la región”, advirtió Rocca, señalando que “seguirá haciéndolo si no somos capaces de revertir ese escenario”. Durante sus intervenciones, manifestó que, en diferentes gobiernos democráticos de la región, se aplicaron políticas económicas que no lograron los resultados esperados.

En un análisis crítico sobre la economía latinoamericana, Rocca enfatizó que el aumento sistemático del papel del Estado, la presión impositiva distorsionada y el crecimiento de subsidios han generado distorsiones que fomentan la informalidad en la economía. Destacó que, como consecuencia de este entorno, las empresas privadas enfrentan una sobrecarga impositiva, compitiendo con Estados que a menudo operan con pérdidas, y además asumen responsabilidades que en otros países son apoyadas por el Gobierno.

La causa de los desvelos de Rocca es clara: la influencia de China en el mercado. Un desafío que definió como un “gorila de 500 pounds que entra al salón”. Considera que la nación asiática tiene ambiciones geopolíticas que van más allá del comercio, incluyendo la expansión de su capacidad productiva y su influencia en diversas áreas. Este escenario ha contribuido a la primarización de las economías latinoamericanas que, según él, se ve inundada por productos importados y absorbida en materias primas, un problema que solo es posible por el hecho de que China no es una democracia y posee un gobierno capaz de asignar recursos de manera excepcional.

En consecuencia, Rocca apela a que la Argentina debe replantear su inserción internacional, buscando fortalecer su cadena de valor hacia Occidente. En este sentido, su discurso ha evolucionado. Si hace dos años pedía equidad en el mercado, ahora aboga por una estrategia de contrarresto con respecto a China, recordando la postura de Trump como un modelo emblemático. Durante ProPymes 2025 ya no se hicieron presentes funcionarios, pero sí asistió Patricia Bullrich, en ese momento, reciente jefa de la Libertad Avanza en el Senado. La diversidad de interlocutores con los que interactúa Rocca es notable, desde economistas y sociólogos hasta políticos de diversas trayectorias, incluyendo a personas como Mauricio Macri, quien, a pesar de algunos resentimientos relacionados con casos legales, ha logrado restablecer el contacto.

La continuada atención de Rocca hacia el futuro de Argentina es profunda. Hombre de intereses variados, también participa como mecenas en proyectos culturales y científicos, fomentando la educación técnica e industrial. Más allá de su papel como líder de Techint, dedica tiempo a reflexionar sobre cómo la educación es un pilar fundamental para el desarrollo del país. “Sin industria, no hay país”, sostiene, convencido de que la transformación industrial es esencial para el progreso social y educativo.

Rocca ha señalado que la Argentina padece una “debilidad estructural, que obstaculiza su crecimiento”. Él mismo ha sido testigo de esta problemática en sus experiencias de selección laboral en proyectos de construcción, donde encontró que muchos postulantes no podían resolver preguntas simples. El cambio en el sistema educativo es necesario para nutrir futuros líderes en la industria. “Los valores de la cultura industrial son esenciales en la educación: el mérito, la disciplina, la visión a mediano y largo plazo”, concluyó, reiterando su compromiso con la defensa de los derechos y oportunidades básicas para todos los argentinos y haciendo un llamado a construir puentes y colaboraciones más allá de simples intereses individuales, buscando un futuro donde la Argentina sea un actor con voz y protagonismo en el escenario internacional.

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