Hay varios mensajes en el llanto de los familiares de los soldados argentinos caídos en las islas Malvinas. Hay lágrimas de tristeza y nostalgia, pero las hay también de incredulidad, ante una situación que tiempo atrás parecía imposible, y de alivio, después de que los deudos debieron soportar durante años el dolor de una herida abierta, alimentada por la incertidumbre en torno a la identidad de los hombres enterrados en el cementerio de Darwin. Y hay, claro, lágrimas de emoción, de las que llegan cuando se cierra una etapa que demandó mucha «sangre y sudor», según dice Raquel Beatriz García, madre del soldado Daniel Alberto Ugalde, según publicó el diario La Nación.