El relato se complica cuando el fallecido deja a Jencks una caja especial, que alberga su investigación a lo largo de su vida dedicada a entender la «realidad», un hallazgo que resulta intrigante por su vacío. Junto al profesor Anthony Yorke, que actúa como un compañero de investigación, Jencks sigue una serie de pistas que Solete ha dejado, las cuales la conducen a examinar teorías filosóficas, explorar logias secretas y presenciar fenómenos metafísicos en su búsqueda de un misterio profundamente enigmático.
La historia se desarrolla en un marco circular, marcando el inicio y el fin con un arcoíris, mientras se desmenuzan dos milenios de indagaciones sobre la luz, abarcando desde Platón y Aristóteles hasta Bacon, Okham y Descartes, además de un recorrido científico que va desde Newton hasta las más recientes especulaciones cuánticas. A lo largo del camino, Kavenna evoca las repetidas acusaciones de herejía y locura que enfrentaron muchos de estos pensadores por sus innovadoras ideas. En particular, la narrativa se centra en el filósofo eclesiástico Grosseteste, primer rector de Oxford, del cual Solete sería un último representante experimental.
La autora examina diversos conceptos de la luz: como principio divino, fenómeno observable, o en su dualidad como partícula y onda. La protagonista reflexiona, sintetizando: «No hay mundo sin luz. No hay realidad, o como sea que la llamen». Jencks transita un espectro que va desde un entusiasmo por la realidad ontológica hasta un profundo escepticismo posmoderno, consciente de los límites del conocimiento, especialmente en un ambiente académico donde las figuras geniales del pasado han sido suplantadas por académicos de menor calibre y celebridades de Londres. Además, la atención se ha desviado de la luz fundamental hacia el uso incessante de las pantallas de los teléfonos, sugiriendo un nuevo tipo de oscuridad.
Sin embargo, el tono de la novela se aparta del pesimismo. La ligereza con que se abordan las exploraciones es un contrapunto a la complejidad simbólica de sus reflexiones. La narrativa podría recordar al estilo de Alan Moore en «From Hell», donde los gráficos en blanco y negro de Oly Ralfe enriquecen la intertextualidad de una fábula victoriana.
Más allá de la luz, el relato profundiza en fórmulas y elementos que revelan patrones en la realidad y la naturaleza, como la conexión entre la piña de iconografía masónica y la glándula pineal, así como la importancia de los números secuenciales.
