La búsqueda de solución de Granja Tres Arroyos frente a un desafío financiero

La situación crítica de Granja Tres Arroyos (GTA) se puso de manifiesto una vez más en las recientes reuniones en Paraná, donde la empresa, los sindicatos y el gobierno de Entre Ríos intentaron alcanzar un acuerdo que permita reabrir la planta La China, ubicada en Concepción del Uruguay. Según lo expuesto por los participantes, no se lograron avances significativos y persisten diferencias marcadas en las posturas. En este marco, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) convocó a una reunión urgente en Buenos Aires para buscar un nuevo acercamiento que garantice la defensa de los salarios y la preservación de los puestos de trabajo.

La audiencia que tuvo lugar ayer entre los representantes de la compañía y los sindicalistas finalizó sin un acuerdo. Las partes decidieron reanudar las conversaciones en un futuro cercano, mientras aumenta la incertidumbre entre los trabajadores, los productores integrados y los proveedores.

Paralelamente, Granja Tres Arroyos enfrenta un complejo proceso de reestructuración financiera que involucra pasivos por aproximadamente US$350 millones, a cargo de la consultora Valo Columbus. Según información obtenida de los acreedores, la propuesta incluye quitas de hasta el 75% y plazos de pago que podrían extenderse hasta siete años. Este proceso fue destacado recientemente.

Mientras la empresa continúa su búsqueda de una solución financiera, el futuro laboral sigue siendo incierto. Los líderes sindicales que participaron de las reuniones regresaron de Paraná con preocupación. Se alcanzó un acuerdo para asistencia alimentaria destinada a los trabajadores, subsidios de $25.000 por semana y acceso a tarifas sociales para la energía eléctrica para los empleados afectados por el cierre de la planta.

En un mensaje de audio dirigido a los trabajadores, Julio Chamorro, secretario general del STIA en Concepción del Uruguay, manifestó su disconformidad con la propuesta de la empresa: «Lamentablemente no tenemos las mejores noticias. Granja Tres Arroyos se presentó con algo que para nosotros parece inviable». Además, comentó que la compañía requiere US$8 millones para reiniciar parte de sus operaciones, destacando que «necesitan US$8 millones y 60 días para comenzar a faenar 80.000 pollos». Chamorro considera que el esquema propuesto posee demasiadas incertidumbres, ya que depende de obtener esos fondos para avanzar.

El sindicalista aclaró que, incluso si se logran esos fondos, la propuesta implica una reactivación parcial de la planta y una reincorporación gradual del personal. «Para completar la faena de 160.000 a 170.000 pollos, eventualmente necesitarán otros US$8 millones», subrayó.

Se estima que la empresa podría regresar a niveles normales de actividad recién a principios de 2027. «Dijeron que en enero o febrero del año que viene estarían volviendo a la normalidad», expresó.

Chamarro también criticó que durante la reunión no se presentara un plan concreto para saldar las deudas salariales pendientes. «A pedido de las autoridades provinciales, propusieron darnos una especie de ticket canasta, un vale por $25.000 por semana para comprar mercadería en el almacén de la planta», señaló, concluyendo que eso fue todo lo ofrecido por GTA.

El escepticismo respecto a la viabilidad de una reapertura no solo proviene de los sindicatos, sino también de los productores integrados que durante años colaboraron con la compañía. Ricardo Unrein, de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capip), manifestó que la situación actual complica enormemente la reconstrucción de la estructura productiva necesaria para operar La China. «Ya se han ido casi todos los productores integrados, no queda casi nadie», aseveró.

Además, explicó que incluso si la empresa consigue los fondos requeridos, enfrentará la dificultad de restablecer la capacidad de crianza. «Si no hay confianza en el integrado, no van a tener granjas tampoco», afirmó. Unrein calculó que para sustentar una faena diaria de 80.000 pollos, sería necesario contar con aproximadamente cuatro millones de aves en crianza y una red de al menos 70 granjas en funcionamiento. «Es imposible hacerlo si no tienen granjas porque 80.000 pollos diarios durante 20 días representan 1,6 millones de pollos en un mes y necesitan otro 1,6 millones criándose», explicó.

Desde su perspectiva, la cantidad de granjas necesarias es desproporcionada en comparación a la que realmente tienen. «Actualmente, esos cuatro millones de pollos a razón de 15.000 por galpón implican 300 galpones, lo que significa que cada productor debería contar con entre tres y cuatro galpones; por lo tanto, necesitan, al menos, 70 granjas y no tienen cerca de esa cantidad. Es imposible reactivar esa planta».

Unrein también criticó la propuesta que se les presentó a los acreedores, alegando que una quita del 75% del capital de la deuda es simplemente comunicar que no recibirán pagos. En este sentido, cuestionó también el impacto de las acciones gremiales en los últimos meses de operación de la planta, sugiriendo que los conflictos laborales afectaron la actividad diaria y empeoraron una situación financiera ya crítica: «Algunos miembros del sindicato necesitan sincerarse».

Relató que las medidas de fuerza generaban retrasos en la faena, lo que resultaba en pérdidas within la cadena productiva: «En lugar de faenar los 180.000 pollos acordados, se faenaban 150.000, y los 30.000 restantes quedaban parados y se morían dentro del camión».

Según su opinión, los gremios deben reflexionar sobre lo sucedido y asumir una gran responsabilidad junto con sus empleados. «Hace tiempo que el presidente de la empresa les había advertido que debían cesar con estas acciones porque iba a terminar mal. No lo quisieron creer y resultó en el cierre del frigorífico», indicó.

La posibilidad de reintegrar a La China parece, en la actualidad, muy complicada. «No hay vuelta atrás. La China es un monstruo imposible de reiniciar y reactivar la cadena de producción. Es aún más complejo porque ya no cuentan con productores dispuestos a criarlos, ya que se han ido todos. Les sugerimos que den por perdida la deuda que tenían y que no la incrementen más».

Mientras tanto, los pocos productores que aún permanecen vinculados a la compañía están atravesando semanas de intensa incertidumbre. Uno de ellos, que prefirió mantener el anonimato, compartió las dificultades que ha enfrentado para mantener su producción: «Estuve seis días sin alimento en la granja hace tres semanas», comentó. Detalló las severas consecuencias: «Yo había bajado 32.000 pollos y quedarán unos 25.000, porque muchos se murieron de hambre».

Asimismo, describió la situación financiera angustiante que viven quienes todavía trabajan con la empresa. «Los cheques son rechazados y las cuentas bancarias están embargadas», indicó. Muchos productores permanecen en el sistema porque esperan cobrar por los pollos ya entregados. «La poca gente que quedó está evaluando qué hacer», expresó.

Mientras se mantienen las negociaciones con sindicatos y acreedores, La China continúa en un estado de indefinición. La empresa busca financiamiento para reanudar operaciones, los trabajadores demandan claridad y los productores advierten sobre la grave situación de una red de integración que ha sido afectada gravemente.

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