El Gobierno había previsto la actualización del índice, pero decidió no llevarla a cabo en febrero, cuando se publicaron los datos de enero, lo que generó la renuncia de Marco Lavagna, quien era el director del organismo. La nueva metodología propone un mayor peso para los servicios públicos y el transporte en el IPC; sin embargo, estos valores aún necesitan ajustes para subsanar distorsiones de periodos anteriores.
Desde la consultora Equilibra señalaron: “Si midiéramos el IPC con la canasta actualizada de la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de mayo habría sido 2,3% en lugar del 2,1% oficial, acumulando 15,6% en los primeros cinco meses del año contra el 14,7% que muestra Indec”. Además, explicaron que “esta métrica se realiza con la mayor apertura a nivel rubros posibles y con base 100=2025; si se construye a nivel 12 capítulos, la inflación arrojaría 2,2%”.
Por su parte, un informe de LCG estimó la misma cifra para el mes pasado bajo el índice cuya actualización la administración decidió postergar. Desde la firma de análisis macroeconómico señalaron: “Corrigiendo por la estructura de la canasta que surge de la ENGHo 2017/18 (con mayor peso de servicios), la inflación minorista habría sido 2,3% en mayo, y un punto porcentual más alta en el acumulado anual, es decir, alrededor del 16%”.
La actualización suspendida implicaba sustituir la canasta de consumo basada en un relevamiento de 2004 por una confeccionada a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018. Este cambio no representaba una medición desde cero, sino que buscaba reflejar de forma más actualizada en qué gastan su dinero los argentinos.
Entre las modificaciones más significativas, se encontraba el aumento en la ponderación de varios rubros dentro del índice. El segmento “Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles” habría incrementado su representación del 9,4% al 14,5%. El transporte habría pasado del 11% al 14,3%, reflejando un mayor peso de los combustibles y los boletos. El rubro de comunicaciones también habría crecido del 2,8% al 5,1%, evidenciando un aumento en el gasto en telefonía e internet. En contraposición, el segmento de “Alimentos y Bebidas” habría visto reducido su peso del 26,9% al 22,7%.
La razón detrás de una inflación más elevada con la canasta actualizada radica en que los rubros que habrían ganado peso fueron precisamente los que más aumentaron en mayo. Según el informe del Indec, los precios regulados incrementaron un 2,4% en el mes, con combustibles, electricidad y agua como principales impulsores. La división comunicacional lideró los aumentos con un 3,4% mensual, mientras que el IPC Núcleo, que excluye componentes estacionales y regulados, aumentó 1,9 por ciento.
Esta dinámica explica la divergencia entre los dos tipos de mediciones. Al otorgar mayor protagonismo a los servicios en la canasta, el índice refleja con mayor claridad los incrementos que se registraron en esos rubros durante el mes. En un contexto diferente, donde los alimentos aumenten más que los servicios, la nueva metodología podría mostrar una inflación más moderada que la existente.
Más allá del dato específico de mayo, los analistas destacan el impacto acumulado de haber mantenido una canasta desactualizada durante los primeros cinco meses del año. Mientras que Indec reporta una subida del 14,7% de enero a mayo, las estimaciones con la canasta actualizada elevan esta cifra a entre 15,6% y 16%, según las proyecciones de Equilibra y LCG, respectivamente. La diferencia varía entre 0,9 y 1,3 puntos porcentuales.
Esta brecha se origina porque la nueva canasta habría tenido una mayor participación en los meses donde los servicios mostraron los incrementos más notorios, lo cual coincide con el período posterior a la corrección tarifaria implementada por la administración de Javier Milei. Al aumentar la representación de estos rubros, el índice actualizado habría logrado captar con mayor eficacia esos aumentos a lo largo del año.
Este dato resulta relevante también en el ámbito de la política económica, ya que el IPC oficial es la referencia utilizada por el Gobierno para establecer el ritmo de ajuste mensual de las bandas cambiarias. Una inflación medida más alta hubiera ocasionado presiones diferentes sobre esa variable y, en última instancia, sobre las proyecciones de desinflación comunicadas al mercado por el equipo económico.
