Esta situación se relaciona con una serie de factores que podría dar lugar a varios días seguidos de inestabilidad en el Cono Sur.
Entre estos factores se encuentran la influencia de El Niño, el fortalecimiento de las corrientes de viento en diferentes niveles de la atmósfera y un patrón de bloqueo que ayudaría a mantener las condiciones necesarias para el desarrollo de fenómenos severos.
De acuerdo a explicaciones de expertos, el fenómeno de El Niño altera la circulación atmosférica sobre Sudamérica y propicia el fortalecimiento de la corriente en chorro subtropical, una franja de vientos intensos que circulan en las capas altas de la atmósfera. A la vez, puede incrementar la frecuencia y la intensidad de la corriente en chorro de bajo nivel en la región, responsable de transportar calor y humedad desde la Amazonía hacia Paraguay y el norte de Argentina, extendiendo así su impacto hacia otras áreas del Cono Sur.
Esta combinación es especialmente relevante ya que reúne dos de los principales componentes esenciales para el desarrollo de tormentas intensas. Por un lado, la corriente en chorro subtropical ofrece el soporte dinámico que favorece el ascenso del aire y el crecimiento de grandes nubes de tormenta. Por otro lado, el flujo del norte aporta grandes cantidades de aire cálido y húmedo.
Este corredor de humedad actúa como un río atmosférico que desciende desde la Amazonía y llega al norte argentino. En momentos concretos del pronóstico, las anomalías térmicas pueden ser notables: en algunas áreas del norte argentino, las temperaturas podrían llegar a estar hasta 22°C por encima de los valores promedio para esta época del año.
El contraste entre ese aire inusualmente cálido y húmedo y la circulación atmosférica más fría e inestable puede crear un entorno propicio para la formación de tormentas potencialmente severas. En este marco, los principales peligros estarán vinculados a lluvias intensas en períodos cortos, abundante actividad eléctrica, caída de granizo y ráfagas violentas.
Las primeras tormentas intensas podrían comenzar a formarse desde el jueves 16 de julio, aunque es probable que la situación se intensifique a partir del viernes 17 y durante el fin de semana. La inestabilidad podría persistir durante varios días, extendiéndose, al menos, hasta la semana siguiente.
La interacción entre el intenso transporte de calor y humedad y el apoyo dinámico en las capas altas de la atmósfera podría favorecer la aparición de sistemas de tormentas de gran desarrollo, capaces de provocar fenómenos localmente severos.
