Un economista analiza el crecimiento en Argentina y sugiere una inversión clave para la recuperación

En 2025, Argentina dedicó solo 4,2 de los 19,1 puntos del PBI, medidos a precios constantes, a nuevos bienes de capital. Los restantes aproximadamente 15 puntos se destinaron a la reposición y mantenimiento del capital existente. Con base en esta cifra, el economista Ariel Coremberg calculó el aumento necesario de la inversión para que el país vuelva a experimentar un crecimiento. Según sus proyecciones, la actual tasa de inversión del 16,6% del PBI, medida en términos corrientes, debería aumentar al 23,3% para recuperar un ritmo de crecimiento similar al del último ciclo expansivo, e incluso al 32,2% si Argentina aspira a crecer al ritmo de economías como la de Corea del Sur. Coremberg, quien es profesor en la UBA, la Universidad de San Andrés y la Ucema, así como director del Centro de Estudios de la Productividad ARKLEMS+LAND, presentó estos resultados durante una jornada del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), en la Exposición Rural de Palermo. En su análisis, sostuvo que «la economía argentina casi no se capitaliza», subrayando que la mayor parte de la inversión se destina solo a reemplazar el capital que se desgasta. Para Coremberg, este es uno de los motivos que explican por qué Argentina no ha logrado crecer de manera sostenida en tantos años. Indica que la productividad actual de la economía se asemeja a la de 1950, y que el ingreso per cápita no ha alcanzado los niveles máximos de 2011. De seguir el ritmo de crecimiento del último siglo, un joven de 25 años necesitaría 70 años para duplicar su nivel de vida. «Recién a los 95 años alcanzaría un bienestar duplicado», ilustró. A modo de comparación, un australiano logra hacerlo en unos 35 años y un coreano en 14. «Lo del año pasado es un rebote», aseveró. En su opinión, el verdadero indicador del crecimiento se encuentra en el PBI por habitante, el cual Argentina aún no ha recuperado al nivel de 2011. Mencionó que a la década perdida de los 80 se debe sumar otra década y media perdida durante el mayor superciclo de commodities en la historia del país. Explicó que entre 2002 y 2011, la economía creció una media del 2,5% anual, aunque la productividad permaneció en estancamiento. Durante la exposición, también presentó una estimación del stock de capital argentino por tipo de activo, incluida la infraestructura, realizada en conjunto con el área de pensamiento estratégico de la Cámara Argentina de la Construcción. Este estudio, que se elabora para el Indec con soporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), representa la primera medición con tal nivel de detalle. Los datos indican que la inversión bruta interna en 2025 alcanzó el 19,1% del PBI a precios constantes, aunque solo 4,2 puntos constituyeron inversión neta, mientras que el resto se utilizó para mantener el capital ya existente. Comparando con años anteriores, el panorama es desalentador. En 2011, la inversión neta era del 10,6% del PBI, más del doble que el actual, y durante la pandemia, llegó a ser negativa, lo que significa «que se destruyó capital», advirtió. Coremberg enfatizó que la competitividad nacional no depende del tipo de cambio, sino de la productividad. Según sus cálculos, la productividad laboral apenas supera la de 1974, y la productividad total de los factores, que incluye la tierra, el trabajo y el capital, se mantiene en niveles comparables a los de 1950, a pesar del rebote del 2,8% del año pasado. Además, destacó que el ingreso por habitante aumentó solo un 0,8% anual en el último siglo, lo que contribuye a que a los argentinos les lleve prácticamente toda una vida duplicar sus ingresos. En la comparación histórica, recordó que en la década de 1950, el PBI per cápita argentino equivalía al 60% del de Estados Unidos, mientras que Israel alcanzaba el 30%. Hoy, Argentina se ubica en el 30%, mientras que Israel se acerca al 70%. En el último siglo, Argentina creció la mitad que Australia y menos de un cuarto en comparación con Corea del Sur. Para calcular las inversiones necesarias, Coremberg aplicó una metodología desarrollada por los economistas Robert Hall y Charles Jones. En el primer escenario, que busca replicar el rendimiento del ciclo de crecimiento de 1998 a 2011, indica que con una mejora de medio punto en la productividad, la economía podría crecer un 2,9% anual, lo que requeriría que la inversión aumentase del 16,6% al 23,3% del PBI. En esta proyección, un joven de 25 años duplicaría su nivel de vida a los 71 años, en vez de a los 95. Coremberg destacó que los mayores esfuerzos de inversión deberían enfocarse en transporte, almacenamiento y comunicaciones, así como en el sector energético. El escenario más ambicioso plantea un crecimiento del 6% anual, como ha ocurrido en Corea del Sur, Irlanda y en varios países de Europa del Este. Según sus estimaciones, para alcanzar este objetivo, la inversión tendría que ascender al 32,2% del PBI y la productividad necesitaría aumentar en un 2% anual. En tal caso, un joven de 25 años podría duplicar su ingreso en apenas 14 años. No obstante, advirtió que si la productividad no mejora, la inversión necesaria podría llegar hasta el 40% del producto. Para finalizar, afirmó: «todos los sectores deben aumentar su inversión, absolutamente todos», haciendo hincapié en la importancia del transporte, la infraestructura digital y los recursos energéticos.
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