Factores que determinarán la victoria o derrota de Milei en las elecciones de 2027

Con un horizonte electoral presidencial que se aproxima a poco más de un año, la situación actual revela un panorama claro a partir de las encuestas.

Un tercio de la población respalda a Milei. Este apoyo tiene dos fundamentos. Por un lado, hay quienes se sienten identificados con sus ideas, sintonizando con sus propuestas tanto en forma como en contenido. Por otro lado, es percibido como una barrera contra el regreso del peronismo, visto como la única figura capaz de frenar lo que algunos consideran un resurgimiento del ‘comunismo’. No obstante, la relevancia de esta primera razón ha ido disminuyendo con el tiempo, mientras que la segunda se ha convertido en el único pilar que mantiene su aceptación en el rango del 30 al 40%. Esto indica que su incapacidad para abordar los problemas económicos cotidianos es compensada por su liderazgo en la contienda contra su principal adversario. También es esencial mencionar que el apoyo del sector económico y mediático ha sido crucial, considerado como el garante del modelo económico actual.

Por otro lado, dos tercios de la sociedad se oponen a Milei. Este rechazo se explica por dos razones fundamentales. En primer lugar, hay quienes no comparten sus ideas, quienes nunca lo han votado ni depositan confianza en él, y cuyas visiones del mundo difieren considerablemente. En segundo lugar, hay un sector que perdió la fe en su gestión a medida que avanzaba su mandato. Este grupo podría unificarse electoralmente si emerge una candidatura que los represente.

Para lograr esto, es indispensable evitar caer en la trampa del desconcierto y el caos que fragmentan al electorado, algo que suele ocurrir por motivos ajenos a las diferencias ideológicas. En otras palabras, será posible unir a la mayoría de esos dos tercios que no apoyan a Milei solo si se establece una confluencia con una base antimileista común, que permita cierta generosidad en las diferencias secundarias y una responsabilidad en la selección de la candidatura.

En este momento, la estrategia única de criticar a Milei se muestra insuficiente. No resulta suficiente para persuadir a la mayoría de estos dos tercios. Es vital ofrecer un camino claro hacia el futuro. Si se eliminan las elecciones primarias, el espacio para quejas perderá vigencia de inmediato. La urgencia radica en crear un mecanismo político y electoral que defina las opciones de aquellos que quieran unirse por vínculos ideológicos. Por ejemplo, se podría contemplar la opción mexicana de encuestas, donde cada grupo proponga la suya bajo una metodología consensuada con preguntas acordadas. Esta iniciativa no necesariamente tiene que ser vinculante, sino que podría servir como un punto de encuentro y una base consultiva. También se podrían establecer criterios mínimos para formar parte de este bloque, tales como el compromiso de no apoyar a Milei en el próximo año o acordar las primeras diez medidas del próximo gobierno, así como garantizar la eliminación de la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner, entre otros.

En síntesis, la posible derrota en las elecciones de Milei dependerá de la evolución de ambos factores. Si se estanca en su actual apoyo del tercio, como ha sucedido en los últimos meses, el futuro del resultado electoral dependerá de la oposición. Si esta, a su vez, continúa fragmentándose y distrayéndose con cuestiones secundarias en lugar de abordar lo urgente, Milei podría sostenerse con su tercio, ya que una reducción en la participación podría traducirse en un porcentaje de votos suficientes para su victoria.

La contienda política y electoral está en marcha, y las decisiones tomadas en los próximos meses podrían ser más determinantes que la etapa final de la campaña, independientemente de cuán impactante sea el eslogan o la música utilizada para publicitar.

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