Luz Ledesma publicó un video en Instagram en el que revela cómo estuvo a punto de convertirse en víctima de lo que considera un intento de secuestro camuflado como oferta de empleo. «Si hubiera ido, estaría desaparecida», aseveró en su testimonio el 20 de julio, semanas antes de que la tragedia que describía se materializara con el femicidio que ha conmocionado a la comunidad.
Todo comenzó cuando Ledesma encontró en un grupo de Facebook dedicado a la búsqueda de empleo una publicación que solicitaba mujeres de entre 18 y 35 años para trabajar como depiladoras láser en un centro estético. La oferta indicaba que no era necesario contar con experiencia previa, ya que se prevería un curso de capacitación antes de comenzar, lo que, como dijo posteriormente, hizo la propuesta más atractiva y creíble.
Motivada, la joven se comunicó con una mujer que se presentaba como la dueña del negocio. En su primer intercambio, compartió detalles personales como sus horarios disponibles y el lugar donde estudiaba. Casi de inmediato, le solicitaron fotografías para verificar si se ajustaba al perfil requerido.
Con el avance de la conversación, Ledesma comenzó a percibir señales alarmantes. Los mensajes llegaban a horas poco comunes —23, 0 o 1 de la mañana—, algo que inicialmente trató de justificar considerando que la propietaria podría estar ocupada durante el día. Sin embargo, la reclutadora continuaba pidiendo fotos «actuales» y, cuando coordinaron un encuentro en un edificio frente a una plaza, la joven notó que cada vez que preguntaba el nombre del comercio, su consulta era ignorada.
Ante esta situación, Ledesma decidió investigar a la supuesta empleadora en redes sociales, sin encontrar rastro alguno de su existencia. Las sospechas se confirmaron cuando, al pedir imágenes adicionales, descubrió que las fotos eran generadas por inteligencia artificial.
Al señalar la anomalía, recibió una respuesta insólita: «Es la primera vez que me dicen que parezco chica IA», le escribió la persona detrás del chat. Desde ese momento, la comunicación se interrumpió por completo.
Con la maniobra desenmascarada, Ledesma contactó al administrador del grupo donde había visto la publicación original, quien le informó que el aviso había sido eliminado después de que otros usuarios lo denunciaran.
Decidió entonces hacer pública su experiencia para alertar a otras mujeres que buscan empleo. «Se aprovechan de la necesidad de la gente, me satura. Si no me mandaba esa foto, iba a ir porque necesitaba el trabajo», reflexionó, visiblemente conmovida, y concluyó con una frase que resume la angustia por lo vivido: «Tengan cuidado, se me hace un nudo en la garganta».
Apenas semanas después de su declaración, se materializó el miedo que Ledesma había expuesto de la manera más trágica. Juana Mailén Antonich, madre de dos hijas pequeñas, fue asesinada en un área del balneario Punta Cantera, cerca del conocido sector Waikiki, después de ser citada a través de redes sociales bajo el pretexto de una oferta laboral.
Su cuerpo, con evidencias de golpes y heridas de arma blanca, fue hallado semienterrado. Sus familiares comenzaron una búsqueda desesperada la noche del sábado al no recibir noticias de ella, recuperando su última conversación en redes sociales y recopilando información de testigos que permitió determinar el lugar exacto al que había ido.
Pasada la medianoche, los parientes de Mailén, junto a efectivos de la comisaría 5°, llegaron al balneario y sorprendieron a dos hombres quemando ropa de la víctima en un tacho. Ambos intentaron escapar, pero fueron detenidos poco después mientras se ocultaban debajo del parador Waikiki; uno de ellos tenía ropa manchada de sangre y ambos presentaban rasguños en el rostro. Cerca del lugar, la policía encontró una moto perteneciente a uno de los detenidos y, a pocos metros, el cuerpo sin vida de Mailén.
Los acusados, identificados como Agustín Bartolomé Díaz (26) y José Luis Aquino (27) —dos serenos del predio—, fueron imputados de manera provisional por el fiscal a cargo.
