Aunque ambos casos se dieron en el mismo período, las autoridades enfatizaron que no hay vínculos epidemiológicos entre ellos. Lo que los une es el consumo de productos porcinos sin los debidos controles de trazabilidad ni etiquetado.
El brote en Junín se detectó cuando 18 reclusos presentaron síntomas el 16 de junio, lo que desencadenó la activación de un protocolo entre el Servicio Penitenciario Bonaerense, la Municipalidad y la Región Sanitaria III. Durante la investigación se recuperó un chorizo consumido por los enfermos. El análisis en el laboratorio municipal confirmó la presencia del parásito. La directora de Bromatología de Junín, Constanza Rebichini, comentó: «El análisis dio resultado positivo con una carga altísima de parásitos».
Según las autoridades, el embutido había sido traído por una visita y adquirido en un puesto informal en la Ruta Nacional 7, dentro de la jurisdicción de General Rodríguez. Desde el Municipio señalaron que todos los casos se concentraron en el penal y no hubo contagios autóctonos en Junín relacionados con este alimento.
Este escenario ha puesto en foco la necesidad de mejorar los controles sobre los productos alimentarios que ingresan a las unidades penitenciarias, en especial aquellos que no cuentan con etiqueta ni certificación sanitaria.
El segundo brote originado en Lincoln mostró una mayor dispersión. La investigación se asoció con productos de una carnicería ubicada en avenida Maipú 598, la cual fue clausurada como medida preventiva. La detección de un vecino hospitalizado con síntomas de triquinosis dio inicio al operativo. El 11 de julio, Bromatología analizó productos decomisados en el comercio y encontró larvas de Trichinella spiralis.
En total se confiscó 77 kilos de carne de cerdo y embutidos sin la documentación necesaria que garantizara su procedencia. El 22 de julio, la Municipalidad de Lincoln confirmó 27 casos positivos, 24 pertenecían a esta localidad y tres a Leandro N. Alem. Un día después, las autoridades reportaron que más de 30 personas habían resultado afectadas y presentaron una denuncia penal contra el propietario del negocio por posibles delitos contra la salud pública.
La denuncia fue girada a la Ayudantía Fiscal, que deberá determinar si ha existido algún delito y las responsabilidades correspondientes. El Municipio ha provisto información sobre los procedimientos realizados por el Hospital Municipal y las áreas de Salud, Zoonosis y Bromatología, además de involucrar al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria y al Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense para investigar el origen de la carne contaminada.
Una de las principales inquietudes es si otros productos del mismo lote llegaron a ser distribuidos en hogares y comercios de la región antes del cierre de la carnicería.
La triquinosis es una enfermedad parasitaria que se transmite por el consumo de carne de cerdo, jabalí u otros animales infectados con larvas del parásito Trichinella. El mayor riesgo proviene de productos que contengan carne cruda, como salames o chorizos secos, que no hayan pasado por un análisis de digestión artificial. Los síntomas más comunes son diversos, y la carne contaminada no presenta signos visibles de alteración en olor, sabor o color. Las autoridades recomendaron adquirir solo productos con rótulo y registro sanitario. Además, exhortaron a quienes hayan consumido chacinados caseros y presenten síntomas a buscar atención médica de inmediato e informar sobre el alimento consumido y su procedencia. La consulta temprana es crucial, ya que el tratamiento es más eficaz antes de que las larvas migren a los músculos.
