Este nuevo enfoque se adoptará en otoño de 2027 dentro de la Facultad de Literatura, Ciencia y Artes, con la intención de reducir la presión que enfrentan los alumnos de primer año, ayudándolos a “comenzar con fuerza y frenar la crisis de salud mental que se desarrolla entre los jóvenes universitarios”, según un comunicado de la institución.
Bajo este sistema, las calificaciones tradicionales del primer semestre continuarán registrándose de manera interna, lo que permitirá utilizar esos datos para informes sobre cumplimiento y elegibilidad para honores académicos. Sin embargo, en los expedientes académicos se reflejarán únicamente como “aprobado” o “desaprobado”, sin impacto en el promedio general del estudiante.
La propuesta de Michigan guarda similitudes con el método de calificación utilizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que clasifica las notas de los primeros semestres de sus estudiantes como aprobado o desaprobado, facilitando un período de adaptación a la carga académica y los nuevos métodos de enseñanza, tal como se detalla en el sitio web del MIT.
En la Universidad Brown, por ejemplo, los estudiantes tienen la opción de elegir entre calificaciones tradicionales o un sistema de satisfactorio/no satisfactorio en algunos cursos.
Desde la Universidad de Michigan se señala que el objetivo de esta modificación es permitir a los alumnos de primer año adaptarse a las exigencias universitarias, comenzando su trayectoria académica con menos presión relacionada con las calificaciones. “Por ejemplo, pueden explorar materias desafiantes o intentar cursos en nuevos campos sin el temor de que una nota baja afecte su futuro”, se menciona en el comunicado.
La Facultad de Literatura, Ciencia y Artes es la más grande de la universidad, con cerca de 3500 estudiantes de primer año, mientras que el número total de ingresantes se aproxima a 8000.
Summit Louth, presidente del centro estudiantil de la Universidad, describió este cambio en el sistema de calificaciones como “increíble” y aseguró que los estudiantes que ha consultado, en su mayoría, apoyan la nueva política. “Esto contribuirá significativamente a que los alumnos adopten rutinas saludables y sostenibles durante su tiempo en el campus”, afirmó.
Louth, de 20 años, que actualmente cursa su tercer año, subrayó que una política de este tipo le habría ofrecido un mejor acompañamiento durante su ingreso. “Estás intentando aprender a vivir solo y ser adulto. Es muy estresante equilibrar eso con el deseo de sobresalir académicamente”, explicó.
Sin embargo, la iniciativa recibió críticas de quienes opinan que la suavización del ámbito académico no beneficia a los estudiantes. Rick Hess, investigador en el American Enterprise Institute, argumentó que esta política moldea un diagnóstico erróneo. “Sobreproteger a los estudiantes universitarios no mejora su salud mental”, advirtió, añadiendo que, en cambio, es necesario “aumentar el rigor” en las asignaturas y “elevar las expectativas” hacia los estudiantes.
Jonathan Alpert, psicoterapeuta y autor, coincidió en que recibir una mala calificación genera ansiedad, pero explicó que “sentirse mal no es lo mismo que estar enfermo”. “Es preocupante que los profesionales de la salud y las instituciones confundan esta distinción”, comentó.
Alpert sostiene que la universidad debe ser un espacio donde los jóvenes aprendan que la evaluación no siempre es positiva. Las situaciones difíciles, como obtener una nota baja o recibir críticas, son parte del aprendizaje y ayudan a prepararlos para enfrentar la vida adulta, indicó.
Chris Hulleman, profesor de educación y política pública en la Universidad de Virginia, elogió la iniciativa de la Universidad de Michigan, considerándola un paso positivo hacia una reevaluación de los métodos de calificación.
Investigaciones sugieren que el sistema de aprobado/desaprobado podría contribuir a mitigar el agotamiento estudiantil y proponen que las calificaciones que comparan a los alumnos tienden a incrementar la ansiedad.
En contraste, instituciones como la Universidad de Harvard han optado por calificaciones más competitivas, limitando la cantidad de A que pueden otorgar los profesores en algunas materias. La Facultad de Artes y Ciencias de Harvard decidió restringir estas calificaciones a aproximadamente el 20% de la clase, tras un análisis detallado sobre la inflación de notas.
