El exdefensor de Racing que encontró su nueva pasión en el Mediterráneo y se convirtió en un referente del deporte de alta resistencia

El cálido sol de agosto en Mallorca intensifica la sensación de humedad y el aire se torna denso. «Estamos sufriendo con el calor, te juro que no dan ni ganas de ir a la playa», comenta Lucas Aveldaño desde su hogar, donde busca alivio bajo el aire acondicionado. Este exdefensor de 41 años, que salvó a Racing del descenso, ha transformado su vida y ahora se dedica intensamente a nuevas actividades.

Hoy, Aveldaño se desempeña como preparador físico y atleta de Hyrox, una disciplina que combina fuerza funcional con alta intensidad. Su rutina diaria está marcada por clases en un gimnasio, entrenamientos online y un emprendimiento gastronómico que ha atraído a un ilustre cliente: Lionel Scaloni.

Su trayectoria como futbolista cuenta con 550 partidos a nivel profesional y abarca dos décadas, incluyendo pasos por Belgrano, Nueva Chicago y Racing, donde formó parte del equipo que evito el descenso en 2009. «Todos los días me levanto temprano porque me estoy preparando para correr mi primera maratón en diciembre», expresa «El Pela».

Lejos de las canchas desde hace más de un año, tras finalizar su paso por la división de ascenso en España, se estableció en Mallorca, a donde llegó como jugador en 2015 y decidió establecerse definitivamente pospandemia.

«Por la tarde doy clases en un gimnasio. También dirijo un grupo llamado ‘En Movimiento Social Run’, que reúne a 480 personas y los jueves entrenamos con hasta 80 corredores», agrega, con su acento santafesino, sin olvidar aprovechar el tiempo para disfrutar de la costa mediterránea. Su nueva vida contrasta con la anterior, pero sigue marcada por una constante actividad.

El cambio hacia este nuevo estilo de vida comenzó en 2022, anticipándose a su despedida del fútbol con el Andratx. «El gimnasio convencional me aburre. Descubrí el Hyrox por Instagram, empecé a tomar clases y a los tres meses competía en Barcelona. Encontré esa competitividad del fútbol, pero aquí compito contra mí mismo. Terminas una carrera y ya ansías la siguiente. Es lo que sentía cuando entraba a la cancha», revela.

Esa búsqueda de una nueva forma de competencia también le permitió explorar otros proyectos. Su transformación comenzó durante el confinamiento por COVID-19, cuando decidió completar un curso de director deportivo y técnico de fútbol, aunque pronto se dio cuenta de que no era lo que deseaba. Finalmente, se certificó como Coach de Hyrox. La culminación de su emprendimiento llegó con la creación de Athlon Hybrid Race, su propia competencia que lanzó su primera edición en el Mario Alberto Kempes de Córdoba.

Aveldaño también decidió aventurarse en el sector gastronómico. Con una pasión por la cocina desde niño y siendo el asador de cada equipo, abrió tres restaurantes en Mallorca. Sin embargo, pronto comprendió que el rubro requería mucho tiempo y esfuerzo, por lo que decidió centrarse en uno, Maleva, conocido por su oferta de carnes maduradas.

– En tus redes muestras poco de tu pasado como futbolista, ¿lo extrañas? – Para nada. Hace un año y medio que no patea una pelota. La última vez fue cuando Ronaldinho vino a Mallorca y jugué un partido con él y otros exjugadores brasileños. Después de eso, nada más. No juego por diversión, mi cabeza está puesta en otras cosas. Tampoco veo muchos partidos, ni siquiera tengo televisión en casa.

– ¿Y cómo lograste combinar el Hyrox con tus últimos años en el fútbol? – El entrenamiento híbrido es interesante porque te prepara para otro deporte. Me retiré en el Tudelano y pasé seis o siete meses sin jugar, pero seguí ejercitándome. Luego el Andratx me pidió ayuda. Entrenamos tres veces a la semana; salimos campeones y ascendimos. Después jugué dos años más, pero decidí dejarlo en 2024 y enfocarme en otros proyectos.

La fortaleza de Aveldaño se forjó en momentos difíciles. En 2009, jugar para Racing era complicado, con el fantasma del descenso siempre presente. Bajo la dirección de Ricardo Caruso Lombardi, quien asumió en medio de la crisis, el plantel encontró motivación.

– ¿Qué recuerdas de aquel vestuario en riesgo de descenso? – Nadie quería unirse a ese Racing. Teníamos que sumar puntos como si fuéramos campeones, pese a que acabamos segundos. La salvación llegó en la penúltima fecha, y festejamos como si fuera un campeonato. Caruso creó un ambiente que nos motivó a no rendirnos.

– ¿Cómo surgió la idea de sortear electrodomésticos en los entrenamientos? – Fue idea de Caruso. El día antes de cada partido organizábamos un picado con premios, lo que aumentaba la competencia. Sin premios, los entrenamientos no eran lo mismo. Eso generó que cada uno diera el máximo en cada práctica.

– ¿Hubo situaciones límite? – Varios momentos. Recuerdo que a mitad de temporada, Caruso trajo refuerzos. Uno de ellos, un chico de la C, sufrió una entrada durísima que casi lo deja fuera de combate. Aventuras como esas marcaron la temporada.

– ¿Y cómo fue cuando Néstor Kirchner bajó en helicóptero a la cancha auxiliar? – Fue algo increíble. Jugábamos en la Bombonera ese fin de semana, y Caruso le pidió un regalo al presidente si le ganábamos a Boca. Kirchner ofreció un televisor LCD, pero Caruso exigió más. Ganamos el partido y obtuvimos cuatro televisores.

– ¿Te ganaste uno? – Sí, porque defendí bien a Martín Palermo y le dije a Caruso que uno era mío. Luego, por suerte, salió mi nombre y me llevé el televisor a casa. Lo regalé años después a un amigo.

A pesar de afirmar que su desconexión con el fútbol es casi total, Aveldaño menciona dos excepciones: la selección argentina y Belgrano, con quien ha forjado un fuerte lazo tras jugar 100 partidos.

Reconoce que vivir la experiencia del Mundial desde España fue particular. «A los españoles que me comentaban, les respondía que agradecía vivir aquí y no entraba en sus provocaciones. Siempre les digo que nos ganaron bien, pero yo quería vencer a Inglaterra, eso fue lo máximo», resume.

Su conexión con la selección también está marcada por su amistad con Scaloni, a quien considera un gran referente.

– ¿Cómo nació tu relación con Scaloni? – No hablamos a menudo, pero cuando nos encontramos, somos amigos. Cuando llegué a Mallorca en 2015, él ya vivía aquí. Se presentó a mí en el entrenamiento y me ofreció su ayuda. Desde entonces, mantuvimos el contacto. Después de su triunfo en la Copa América, le envié un mensaje. Siempre está presente.

– ¿Ha visitado tus restaurantes? – Vino dos veces a La Milanesería y a otro de nuestra propuesta asiático-mediterránea. En Maleva vino una o dos veces. Siempre lo invité, y vuelve volviendo solo con la familia. Es un tipo genial.

No obstante, cuando se trata de deportes, ambos tienen estilos diferentes. “Queda pendiente hacer deportes juntos. En ciclismo está a otro nivel y yo prefiero el mountain bike. Le conté sobre el Hyrox y me dijo: ‘Estás loco. Yo no podría hacer eso’», dice con una sonrisa algo tímida.

Al mirarse en el espejo, Aveldaño se ve renovado. «Soy alguien que disfruta el día a día y no podría imaginar mi vida sin hacer deporte. Entreno casi a diario y sigo un régimen alimenticio, con un permitido por día. Me hace bien mentalmente», concluye, disfrutando de un momento de calma bajo el aire acondicionado mientras planifica su próximo movimiento.

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