Un cultivo argentino se posiciona en el mercado internacional ante la caída en producción de EE.UU. y Australia



Durante más de 40 años de mejora continua en el país, Advanta, líder en genética de sorgo, organizó un taller estratégico con el objetivo de liberar el potencial de este cultivo.
 
La apertura del bloque económico, coordinada con la consultora AZ Group, presentó un contexto altamente favorable para el nuevo ciclo de exportación de grano.
A nivel global, las proyecciones apuntan a un balance de oferta ajustado, impulsado por una disminución del 30% en la producción de Estados Unidos y un 16% en Australia, consecuencias de factores climáticos.
 
En contraposición, Argentina se espera que aumente su producción y capacidad exportadora, con China estableciéndose como el principal comprador, que absorbe casi el 95% de los envíos locales.
Este panorama internacional de precios elevados, estrechamente vinculados con los del maíz, posiciona al sorgo como una opción competitiva y altamente rentable dentro de los esquemas de producción nacional.
 
En el ámbito técnico, se resaltó que la mejora genética del sorgo ha alcanzado un promedio de 38,5 kg/ha por año en las últimas décadas.
No obstante, para reducir la brecha productiva en campo, que actualmente oscila entre el 60% y el 70%, la investigación se concentra en tecnologías avanzadas que incluyan tolerancia a pulgón amarillo, resistencia a herbicidas y la tecnología BMR (nervadura marrón), crucial para disminuir el contenido de lignina y aumentar la digestibilidad de la fibra.
En el contexto de los sistemas lecheros, donde los costos operativos crecen un 5% anual, la intensificación exige incrementar la carga animal mediante un uso eficiente de reservas forrajeras.
 
Aunque el silaje de maíz ha dominado históricamente las dietas, el sorgo BMR ofrece rendimientos de hasta 35.000 kg de materia verde por hectárea en condiciones donde el maíz presenta altos riesgos, emergiendo como una herramienta esencial para diversificar riesgos, estabilizar la rotación y reducir costos de producción de materia seca. En el núcleo del encuentro se profundizó en el potencial del sorgo como recurso de alta calidad.
 
Juan Manuel Piñeiro, de la Universidad Texas A&M, subrayó la importancia de integrar el sorgo de manera permanente en sistemas de alta producción.
 
Destacó que la grave sequía y la degradación de los acuíferos subterráneos, como el de Ogallala en EE.UU., han restringido considerablemente las áreas de riego destinadas al maíz silero, lo que ha llevado a la necesidad de adoptar cultivos más eficaces en el uso del agua, como el sorgo.
 
Piñeiro también examinó el desafío de la digestibilidad del almidón de sorgo, el cual está rodeado por prolaminas, proteínas que limitan su degradación en el rumen.
Al considerar que la capacidad de absorción del intestino animal para el almidón “bypass” es limitada, el exceso que no se degrada en el rumen acaba siendo desechado. Mediante estudios sobre el almidón fecal, Piñeiro demostró que mejorar la degradación ruminal del almidón es esencial para maximizar la conversión en leche y evitar costosas pérdidas energéticas en la alimentación.
Para abordar esta barrera física, Lyndon Luckasson, ingeniero de Scherer Inc., presentó una innovadora tecnología para el procesamiento de granos pequeños.
Luckasson recordó que tras la severa sequía de 2011, en Texas notó que los contratistas no procesaban el grano de sorgo, dado que los rodillos convencionales diseñados para maíz no eran efectivos para un grano que tiene una décima parte de su tamaño. Luego de diez años de investigación, Scherer desarrolló un procesador especializado de alta durabilidad que logra romper más del 98% del grano pequeño. Esta tecnología cambia radicalmente las dinámicas del mercado: al procesar de manera precisa el grano desde la fase de pastoso tardío hasta la de duro temprano, la digestibilidad ruminal del almidón se eleva del rango inicial del 25-35% a niveles de entre el 60% y el 74%, acercándose a los estándares históricos del maíz (75-80%). «Hemos observado caídas significativas del almidón fecal en tambos comerciales de alta producción al implementar esta tecnología», destacó Luckasson.
Desde el punto de vista económico, esta inversión adicional de alrededor de 2,5 dólares por tonelada permite economizar grano de maíz seco molido en la ración, asegurando un retorno de entre 2 y 3 dólares por cada dólar invertido.
La jornada concluyó con un debate sobre la validación local de estas tecnologías. En Argentina, con la reciente adquisición de un procesador especializado por parte de una destacada empresa americana de maquinaria para ensilaje, ya se están planificando ensayos junto al INTA Rafaela utilizando microsilos para medir con precisión la digestibilidad ruminal del almidón en animales canulados.
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