La jugada se produjo a los 60 minutos, cuando Josko Gvardiol realizó un centro y Haaland anotó en el segundo palo. El asistente levantó la bandera por fuera de juego y el árbitro Michael Oliver sancionó la infracción. A partir de allí, Matt Donohue, el VAR del encuentro, inició la revisión.
Graham Scott, quien arbitró en la Premier League durante diez años y fue VAR en más de cien partidos antes de su retiro en 2025, describió el procedimiento seguido durante esos 80 segundos a un medio especializado.
El primer paso fue verificar si Haaland estaba en posición de offside, para lo cual se usó un sistema semiautomatizado de detección de fuera de juego, operado por Genius Sports desde una sala cercana al centro VAR de Stockley Park. Esta tecnología utiliza múltiples cámaras y captura hasta 10.000 puntos de datos por jugador por segundo.
El sistema determinó que Haaland estaba habilitado. Aunque las imágenes televisivas podrían dar otra impresión debido al paralaje, la posición del pie de Patrick Dorgu dejaba al delantero del City en una posición legal.
El inconveniente radicaba en otra parte de la jugada: Enzo Fernández se encontraba en posición adelantada cuando se ejecutó el centro. Si bien intentó cabecear, no llegó a tocar el balón. El VAR verificó esto, pero no consideró adecuadamente si su movimiento había interferido con Lisandro Martínez, quien intentaba intervenir desde detrás.
Scott destacó que esa fue la falla crucial. Fernández intentó jugar el balón y condicionó la acción del defensor, lo que podría constituir una infracción, incluso sin contacto con la pelota.
El VAR se centró exclusivamente en dos aspectos: confirmar que Haaland estaba habilitado y que Enzo no había tocado la pelota. Al finalizar el tiempo de revisión, Donohue comunicó que la posición del jugador noruego era válida, y Oliver cambió su decisión inicial, convalidando así el gol.
Además, se estableció que había controles adicionales. Un oficial del VAR tenía la capacidad de señalar errores de procedimiento y en Stockley Park había una sala de operaciones que podía intervenir ante una revisión incorrecta. Esa noche, el partido era el único que se disputaba en la Premier, lo que complicó la detección de la omisión antes de que el gol fuera validado.
Posteriormente, se realizó una revisión del caso. Esa misma noche, Pro Ref, la organización que supervisa el arbitraje profesional en Inglaterra, admitió un “error de juicio” y explicó que no se valoró adecuadamente la influencia de Fernández en la jugada. También se comunicó con el Manchester United para ofrecer disculpas y anunció una revisión interna.
A pesar de este revés, el resultado del partido se mantuvo: el Manchester City sumó el 1-0. No obstante, el organismo arbitral dejó claro que el gol no debió ser validado.
Este procedimiento se inscribe en una política más amplia de la Premier, que busca informar sobre las decisiones del VAR. Su Match Centre publica, mientras los partidos se desarrollan, explicaciones sobre las decisiones revisadas y posteriormente comparte material relacionado con los momentos más relevantes del arbitraje.
El caso de Haaland puso de manifiesto tanto los aciertos como las limitaciones de este sistema. Si bien la tecnología estableció correctamente la posición del delantero, la revisión humana pasó por alto un elemento crucial de la jugada.
Scott resumió la complejidad del proceso: una situación que antes dependía en gran medida de un asistente con bandera, ahora involucra a cinco árbitros y al menos cuatro empleados de dos empresas tecnológicas.
Este episodio también permite hacer un paralelo con el fútbol argentino. La Liga Profesional publica regularmente las designaciones de árbitros y asistentes, pero carece de un mecanismo público similar al Match Centre de la Premier que informe sistemáticamente sobre las revisiones del VAR, los criterios empleados y la consideración de las decisiones posteriores.
La diferencia se hace más evidente tras las polémicas. En Argentina, decisiones arbitrales controvertidas generan expliaciones de jugadores, entrenadores y ex árbitros, pero las respuestas institucionales a menudo son escasas. En cambio, el caso de Manchester se explicó durante el partido y el error fue reconocido oficialmente esa misma noche. Esto no implica que el arbitraje inglés sea infalible, ya que este clásico destacó precisamente lo contrario. Con tecnología avanzada y múltiples niveles de control, el VAR terminó validando un gol que el organismo arbitral luego consideró incorrecto. La diferencia radicó en la transparencia posterior: hubo un reconocimiento del error y una respuesta institucional en pocas horas.
