A pesar de enfrentar problemas de salud en sus últimos años, Crespi permaneció activo. Su más reciente y ambicioso proyecto fue la creación de 22 prototipos de Fórmula 1, los cuales se utilizaron para una aclamada serie que narra la vida de Ayrton Senna. Tras su fallecimiento, numerosos referentes del automovilismo argentino expresaron su tristeza y condolencias en las redes sociales. Entre ellos, se encontraban figuras como Norberto Fontana, Cocho López, Pato Silva, Bocha Ciantini y Aníbal Colapinto, quienes alabaron su dedicación y trayectoria.
La pasión de Crespi por los automóviles comenzó a una edad temprana. En 1961, inauguró su primer taller en Palermo Viejo y, solo dos años después, construyó el Tulia 1, un monoposto con el cual se atrevió a competir. El 22 de marzo de 1963, realizó su debut como piloto con este vehículo y logró la victoria, combinando así sus dos grandes amores: fabricar autos y conducirlos en competencia.
A lo largo de su carrera, Crespi desarrolló vehículos para diferentes categorías dentro del automovilismo nacional, incluidos la Fórmula Renault, el Turismo Carretera y el TC2000. Uno de sus trabajos más recordados fue el Petiso-Torino, una reconstrucción del Torino de Nasif Estéfano, que sufrió un severo accidente en 1967. A pesar de ser un modelo muy esperado, no pudo ser utilizado posteriormente debido a que la ACTC modificó el reglamento; según Crespi, “se estaba degenerando su esencia”.
Crespi también se aventuró en la creación de autos de calle, como el Tulia GT y el Tulieta GT, presentados en el Salón del Automóvil de París en 1976. Posteriormente, siguiendo la recomendación del gran Juan Manuel Fangio, trasladó su actividad a Balcarce, donde estableció una fábrica que se convirtió en el corazón de su labor durante las décadas siguientes.
Antes de su fallecimiento, Crespi dejó escrita una carta con el deseo de que se publicara cuando llegara el momento. En ella, manifestó que no deseaba ser recordado por la enfermedad que lo afectó al final de su vida, sino por la manera en que había vivido hasta entonces.
“Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera”, comienza su emotiva despedida. A lo largo de su mensaje, Crespi compartió que se iba “en paz” y remarcó que había pasado 88 años haciendo exactamente lo que amaba.
Agradeció profundamente a su familia por su apoyo incondicional durante décadas, así como a sus empleados y proveedores, quienes trabajaron juntos en la creación de piezas únicas de competición. También extendió su gratitud a todos los pilotos que confiaron en sus autos a lo largo de su carrera. Se describió como “un laburante del fierro” y “un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo”.
En uno de los pasajes más significativos de su carta, dejó un mensaje para aquellos jóvenes que sueñan con edificar sus propios autos. Les aconsejó seguir laborando en pequeños talleres y persiguiendo sus metas, tal como él había hecho a lo largo de su vida, demostrando que con dedicación y esfuerzo se podían lograr grandes cosas.
“Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar con mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando”, escribió, culminando su despedida con una frase que es reflejo de su filosofía de vida: “¡Viva la vida, vamos que se puede!”.
Crespi, al finalizar su mensaje, agradeció repetidamente: “Gracias, gracias, gracias.” Su legado perdurará en la memoria de quienes lo conocieron y de aquellos que disfrutaron de las maravillas que contribuyó a crear en el automovilismo argentino.
