Un café de La Paternal convertido en santuario de Maradona

Cuesta apartar la mirada de la foto de Diego con lentes oscuros, tomada durante su etapa como técnico de los Dorados de Sinaloa. También atrae el mural en el que aparece barbado, con los ojos cerrados y un café entre las manos. Y está la silueta de tamaño real del astro, en los años en que jugaba en Argentinos Juniors, que invita a acercarse.

Cada rincón del pequeño café de Donato Álvarez y San Martín remite al Maradona futbolista. Astros Café abrió en febrero y pronto conquistó a los vecinos de La Paternal. «Es un lugar austero, todavía en crecimiento, pero el espíritu del Diego brota en cada rinconcito donde nunca falta un cliente que llega con un souvenir, una foto, una estampita o comparte alguna historia que escuchó o protagonizó. Tal vez incomprobable, pero qué importa».

Diego Arvilly, de 51 años, es periodista y trabaja en Radio 10. Nunca pensó que estaría al frente de un café. Su pasión por Maradona, el hecho de ser hijo de comerciantes, algún vínculo lejano con la gastronomía y haberse criado en el barrio donde Diego pisó una cancha por primera vez no habían bastado para imaginarlo. Un sueño, sin embargo, y los giros de la vida lo llevaron a atender una barra de café. «Quiero remarcar que este lugar es posible gracias a mi socia Laura Villanueva, sin ella, no lo hubiera podido lograr».

Arvilly reconoce el papel de su compañera. «Acá estamos los dos, nos dividimos los turnos, nos arremangamos, atendemos, servimos… Por ahora la mano viene así y estamos felices, aunque no es nada sencillo», cuenta el periodista, que conduce junto con su colega Pablo Ladaga el ciclo radial Vida de sábado. En cada emisión, el programa dedica un bloque a una historia de Maradona, fallecido en noviembre de 2020.

Este viernes, Astros Café tendrá su primera celebración maradoniana: Diego Armando habría cumplido 66 años. La historia del local, sin embargo, comenzó antes, con un sueño que impulsó el proyecto. «Mi viejo Rubén, junto a mi mamá Mirta, tuvieron un local de ropa durante más de veinte años en este mismo lugar. Papá se murió en 2020 -justo en el año que partió El Diego-, y mi mamá sola no se podía hacer cargo, por lo que decidimos alquilar el espacio a un amigo, que lo utilizó como depósito hasta 2025».

La conversación se detiene cuando un cliente mayor le regala una taza con la imagen del ídolo. «Ponela en el santuario, ¿te gusta?». Poco después, otro vecino, que pidió un cortado y una medialuna, le enseña una fotografía conocida: Diego sonríe con una pelota apoyada en la frente, concentrado, con la camiseta azul de la Selección. La imagen, de 1986, fue tomada antes de la final contra Alemania.

«La imagen la tomé yo, me llamo Jorge Durán», dice el fotógrafo. Luego retoma la merienda, sonriente, tras sorprender al anfitrión. «Acá pasan cosas parecidas muy seguido… Me refiero a esto de que muchos vecinos se pegan una vuelta y dejan algo alusivo a Maradona o alguna historia como ésta… Todo va a parar a ese rincón -señala- donde estamos alimentando un santuario».

Arvilly vuelve al relato, interrumpido por el movimiento constante de clientes entre las pocas mesas. «Te decía que mi amigo dejó el depósito que era este local y se alinearon los astros, porque ya estaba por devolverle la llave al dueño de este lugar. Era el 14 de octubre de 2025 y… ¡oh las casualidades! Me encontré con una amiga de la vida, que es comerciante y entiende mucho más que yo en este rubro. Le mostré el local y le pregunté: ‘¿Se te ocurre algo, nos asociamos para algún emprendimiento?’. La charla quedó ahí interrumpida, con intenciones de reanudarse pronto».

A la mañana siguiente, el 15 de octubre, Arvilly se despertó transpirado y desconcertado. Conservaba con nitidez una secuencia que, al principio, no sabía si había ocurrido en un sueño o en la realidad. «Estuve un rato sentado en mi cama tratando de procesarlo, fue tan real, tan tangible, que lo primero que hice antes de que se me borrara fue llamar a mi amiga. ‘Lau, mirá lo que pasó… Soñé que mi viejo, que seguía con su negocio de ropa, y adonde de repente entró Maradona como si fuera un cliente… Entendés, entró Diego al negocio y le decía a mi papá con total confianza: Turco, dejate de joder con la ropa, ya está, cerrá y abrite un café, haceme caso’. Laura hizo un silencio de segundos y no lo dudó, lo entendió al toque: ‘Pongamos un café, es una señal’. Era un quilombo hacer la obra, imaginate que ni baño había, pero mirá, aquí estamos, todo gracias a ese sueño increíble».

Café Astros funciona en Donato Álvarez 2096, a cinco cuadras del Estadio Diego Armando Maradona, de Argentinos Juniors, y a diez de la Casa de D10s. Desde ese museo de La Paternal, su dueño, César, les hizo llegar un cuadro temático. «La onda de la gente se multiplica porque uno trae un muñeco de crochet de Diego, otro me alcanzó una lata de una bebida energizante llamada Maradona, están los que ofrecen fotos, souvenirs y ya me prometieron una camiseta de los tiempos del Nápolí», cuenta Arvilly.

La presencia de Maradona se nota tanto en el interior como desde la calle. Algunos pasan y miran hacia adentro; otros entran para observar la decoración. También llaman la atención los individuales de las mesas: llevan la estrella que identifica a la cafetería, un dibujo del Diez tomando café y, en la parte superior derecha, una frase de la enciclopedia maradoniana.

Arvilly toma varios para comprobar si las frases cambian. «Si voy al banco es para sacar plata, fiera». «Me cortaron las piernas». «Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha». «Les pido que me dejen vivir mi vida, nunca quise ser un ejemplo». «Se le escapó la tortuga». «Mi primer sueño es jugar un Mundial y el segundo salir campeón del mundo». «Si me muero, quiero volver a nacer y ser futbolista. Quiero volver a ser Diego Armando Maradona».

Su trabajo como periodista le permitió entrevistarlo cara a cara. «Fue una de las cosas más importantes que me dio el oficio… Tenerlo cara a cara un par de veces… Recuerdo la primera, cuando volvió a Boca, y después tuve dos encuentros ya retirado cuando jugaba al Showbol a mediados de la década del 2000. Una vez fue en el Hotel Intercontinental y otra en la casa de su amigo Alejandro Mancuso. No me olvido más, era increíble lo que irradiaba, su aura. Ah, y tengo una foto solo con él, cuando hace más de treinta años yo era mozo en un restorán italiano y cayó Diego a comerse unas pastas».

Arvilly espera que la familia Maradona conozca el café. «Quisiera que vengan Dalma y Gianinna, sería glorioso, me muero… Pero tuvimos el placer de recibir a Ana, la hermana mayor de Diego, que vino con su hijo Daniel López Maradona. También estuvo el futbolista Hernán López Muñoz, el sobrino nieto que juega en Argentinos. Todos se sintieron a gusto y nos felicitaron por las ganas y el respeto que le ponemos», dice mientras mira la imagen del Diez en el mural.

Luego pregunta qué parece el dibujo y explica, orgulloso: «Mi hija Giovanna creó la imagen de Diego tomando café con los ojos cerrados, como si lo estuviera disfrutando… La hizo con la ayuda de la inteligencia artificial y una amiga de mi socia Laura, la muralista Katherina Bulacio, la realizó sobre la pared. Es como el sello del lugar, el aspecto distintivo».

Aunque el ambiente maradoniano está presente todos los días, este viernes habrá actividades especiales por el cumpleaños. «Desde la mañana un parlante rememorará relatos de jugadas y goles, además de canciones relacionadas a Maradona, y a la noche vendrá un cantante, Gustavo Urkel, que tocará en vivo temas como ‘La mano de Dios’, de Rodrigo; ‘Maradó’, de Los Piojos; ‘La vida es una tómbola’; de Manu Chao y ‘Para siempre Diego’, de Los Ratones, entre otros. Tampoco faltarán invitados que vengan a contar historias, recuerdos y anécdotas. Están todos los vecinos invitados que quieran cantarle el feliz cumpleaños a Diego».

Arvilly admite que estar en el café le permite sentir a Maradona cerca. «En realidad uno es maradoniano y como dice Manu Chao, si yo fuera Maradona viviría como él, porque el mundo es una bola que se vive a flor de piel… Diego me emociona, me representa y lo digo en presente, porque el maradoniano lo siente vivo, lo sentimos en cada rincón… Pero más allá de eso, creo que lo más extraordinario es poder conectar la figura del crack desde un lugar cultural, emocional e ideológico».

Antes de irse a su programa de radio, Arvilly mira el local desde la vereda, entre la nostalgia y la alegría. Es el barrio donde nació y fue a la escuela, y el mismo espacio en el que sus padres trabajaron durante más de veinte años. «¡Qué decirte! Es un orgullo que en tan poco tiempo hayamos podido darle personalidad al lugar. No es sencillo y queda mucho para hacer, porque además de que apostamos por nuestro café de especialidad y pastelería, pretendemos que sea un lugar de culto y que todos los maradonianos sepan que en La Paternal hay un templo en honor al Diez».

Antes de despedirse, queda una pregunta: qué habría ocurrido si aquella noche de octubre de 2025 no hubiera tenido ese sueño. «Hoy no habría nada, seguramente hubiera dejado de alquilar el local».

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