La volatilidad permite observar una característica central del oro: no es una acción, no distribuye dividendos ni paga intereses como un bono. Quien lo compra obtiene una ganancia si logra venderlo por encima del precio de compra, una vez descontados los costos de operación, custodia o acceso al metal mediante el instrumento elegido.
Por eso no tiene una valuación tan sencilla como la de una empresa, que puede analizarse a partir de sus ganancias, dividendos o flujos de caja futuros. Un bono, en cambio, tiene un cupón y una fecha de vencimiento. El oro no genera ingresos para su propietario: su precio depende del equilibrio entre la oferta y la demanda mundial y, en el corto plazo, de su atractivo frente a otras inversiones.
El World Gold Council agrupa los principales factores que inciden en el metal en cuatro categorías: crecimiento económico, riesgo e incertidumbre, costo de oportunidad y momentum. En ellas se incluyen las tasas de interés, el dólar, la inflación, la geopolítica, los flujos de inversión y las compras de los bancos centrales.
Durante octubre, luego de que el mercado llevara la cotización a máximos, el oro cayó. El retroceso “responde principalmente a un cambio en las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos, con un mercado que comenzó a descontar tasas de interés más elevadas durante más tiempo, fortaleciendo al dólar y presionando sobre la cotización del metal”.
Rodrigo Fregenal, director ejecutivo de Ref Capital, señaló que también hay otro factor relevante para analizar: “El resultado de las elecciones legislativas estadounidenses y la victoria demócrata, que podría limitar la capacidad de Donald Trump para sostener su agenda fiscal y política exterior”, explicó.
Una victoria opositora podría dificultar que Trump impulse “una política de elevado gasto vinculada a los conflictos bélicos y aumentar la presión política para buscar una desescalada geopolítica”. Una eventual reducción de las tensiones internacionales y una baja del petróleo ayudarían a moderar las expectativas de inflación en Estados Unidos, aunque sus efectos sobre el dólar podrían ser contrapuestos.
“Por un lado, una menor incertidumbre geopolítica reduciría parte de la demanda de activos de refugio. Por otro, una inflación más controlada podría permitir que la Reserva Federal adopte una política monetaria menos restrictiva, algo que sería favorable para el metal”, explicó.
Una de las variables centrales es el costo de oportunidad. Como el oro no paga intereses, mantenerlo resulta menos atractivo cuando los bonos del Tesoro estadounidense ofrecen rendimientos reales elevados: el inversor puede obtener una renta con un bono, mientras el metal no produce ingresos.
La relación no es perfecta, pero durante mucho tiempo las tasas reales fueron uno de los principales factores para explicar la cotización. Cuando los rendimientos reales bajan, disminuye el costo de oportunidad de tener oro y el metal puede ganar atractivo. Si suben, puede aumentar la presión sobre su precio. Para seguir esta variable no basta con observar el rendimiento del bono del Tesoro a diez años; también importa su rendimiento real, que puede medirse mediante los bonos protegidos contra la inflación, conocidos como TIPS.
El World Gold Council advierte que mayores rendimientos de los bonos y un costo de oportunidad más alto pueden convertirse en un obstáculo para la demanda de oro.
También cuentan las expectativas sobre las tasas. No solo importa la decisión que toma hoy la Reserva Federal, sino lo que el mercado cree que hará en los próximos meses. Si los inversores anticipan una política monetaria más expansiva, los rendimientos reales pueden caer y el oro volverse más atractivo antes de que se concrete un recorte. Si, en cambio, esperan tasas elevadas durante más tiempo, los bonos pueden ofrecer mejores rendimientos y el metal quedar bajo presión.
Por eso, después de cada dato de inflación, empleo o actividad económica de Estados Unidos, los inversores evalúan cómo podría responder la Reserva Federal.
El dólar es otra pieza del análisis. El oro se negocia internacionalmente en esa moneda y, en términos generales, un dólar más fuerte tiende a presionar su precio, porque encarece el metal para quienes compran con otras monedas. Sin embargo, la relación no es automática: el oro es un activo global y su cotización refleja la demanda de inversores y bancos centrales de distintas regiones. El World Gold Council señala que las tasas estadounidenses y el dólar son importantes, pero no los únicos determinantes. Por eso, esta moneda aporta una referencia, aunque por sí sola no explica cada movimiento.
El petróleo influye por una vía indirecta. Un crudo más caro puede elevar las presiones inflacionarias y dificultar la baja de las tasas; uno más barato puede tener el efecto inverso. La secuencia que observa el mercado es petróleo, inflación, expectativas de tasas, rendimientos reales y oro. Así se entiende por qué una noticia sobre el crudo puede repercutir en un metal sin vínculo directo con su producción.
No existe, sin embargo, una regla automática. Una inflación más alta no garantiza una suba del oro: el efecto depende de lo que ocurra a la vez con las tasas reales, el dólar y las expectativas de crecimiento. El World Gold Council encontró que la influencia de la inflación sobre el metal está condicionada por esas otras variables.
Las compras de los bancos centrales también pueden sostener la demanda. Las entidades incorporan oro a sus reservas internacionales para diversificarlas, protegerse frente a riesgos geopolíticos y contar con un activo que no dependa directamente de la solvencia de un emisor. El World Gold Council calcula que desde 2022 compraron, en promedio, unas 1.000 toneladas por año y prevé que seguirán siendo compradores relevantes durante 2026.
Esa demanda tiene una particularidad: no necesariamente cambia de un día para otro cuando sube o baja el rendimiento de los bonos del Tesoro. Por eso puede ofrecer un soporte estructural al precio.
Las guerras, las tensiones comerciales, las crisis financieras y los problemas fiscales pueden llevar a los inversores a buscar activos que ayuden a diversificar sus carteras. El primer semestre de 2026 mostró esa dinámica: el World Gold Council atribuyó una parte importante del movimiento del oro al aumento del riesgo geopolítico y a los cambios en el ánimo de los inversores.
Pero un mayor nivel de temor no implica siempre una mayor demanda de oro. En una caída pronunciada de los mercados, algunos inversores pueden vender el metal para conseguir liquidez o cubrir pérdidas en otros activos. Por eso, además del contexto de riesgo, conviene seguir los rendimientos, el dólar y los flujos de inversión.
El momentum y el posicionamiento de los inversores también pueden amplificar los movimientos. Cuando el precio sube con fuerza, algunos compran con la expectativa de que la tendencia continúe. Si muchos participantes están posicionados en la misma dirección, una toma de ganancias puede provocar una caída más rápida de lo que justificaría un cambio en los fundamentos. También puede ocurrir lo contrario: después de una corrección, quienes consideran que el oro volvió a ser atractivo pueden acelerar la recuperación.
El World Gold Council identificó el momentum, el posicionamiento, los flujos hacia fondos cotizados en bolsa y la toma de ganancias como factores relevantes para explicar los movimientos del oro durante 2026. En agosto, por ejemplo, los flujos de inversión contribuyeron a uno de los mayores avances mensuales del metal en décadas. Esto ayuda a entender por qué el precio puede variar con fuerza aunque la producción minera no cambie.
Para Fregenal, el repunte cercano al 3% de ayer podría ser una recuperación técnica luego de las fuertes bajas, aunque todavía es pronto para confirmar un cambio de tendencia. “Para las próximas semanas estaremos siguiendo especialmente la evolución de las tasas reales estadounidenses, el dólar, el precio del petróleo y las decisiones de la Reserva Federal” dijo.
También sostuvo que “en el mediano y largo plazo el oro es un activo interesante para diversificar carteras”. “Aunque creemos que la volatilidad continuará y que las próximas decisiones monetarias serán determinantes para definir su tendencia”, añadió.
