Un sector del macrismo ya piensa en la resistencia en caso de una derrota
Un importante funcionario nacional miraba el reloj insistentemente. Era lunes, horas después de la aplastante derrota en las PASO, y las agujas en su muñeca derecha marcaban las 8.25. El chofer, que durante casi cuatro años había llegado puntualmente a las 8, estaba demorado. Cinco minutos después hizo su entrada triunfal. Nada dijo este empleado de planta permanente al funcionario. No hacía falta: el mensaje llegó fuerte y claro. Los dos sabían que todo había cambiado.
