Gupta, socia de Foundation Capital y creadora del concepto de ‘context graph’, que ilustra cómo los agentes de inteligencia artificial entienden el razonamiento detrás de las decisiones, ha reflexionado sobre un aspecto que trasciende la mera arquitectura tecnológica: el verdadero diferencial competitivo de la era de la IA no reside en el modelo, la interfaz, o incluso la rapidez del producto. Su enfoque está en la organización que las respalda. ‘Cuando los modelos evolucionan rápidamente, las interfaces se homogenizan y la velocidad de producto se vuelve accesible, los elementos visibles de construir una empresa son cada vez más fáciles de replicar’, señala Gupta. ‘Lo que resulta complicado de copiar es la institución que subyace’.
En otras palabras, el nuevo foso no está en la innovación tecnológica en sí, sino en la manera en que una compañía atrae a talentos excepcionales, organiza sus ambiciones, concentra el juicio colectivo y reparte la autoridad. La esencia de su argumento radica en que si el producto es susceptible de ser copiado y las categorías tecnológicas son renombradas con frecuencia, lo que realmente importa es qué tipo de institución se está construyendo. Esto revela la discrepancia entre las promesas proclamadas y la verdadera estructura organizativa. Las promesas vacías, aquellas que no se reflejan en la estructura real de la empresa, se hacen evidentes. Si una organización afirma valorar la cercanía con el cliente, pero ese aspecto tiene bajo estatus interno, entonces su promesa es falsa. Del mismo modo, si dice fomentar la toma de decisiones descentralizada pero en realidad centraliza, la afirmación es engañosa. Los talentos sobresalientes perciben estas incongruencias con rapidez y, si es posible, trasladan su capacidad a otras empresas.
Las mejores compañías a nivel global, menciona Gupta, no solo compiten por cuota de mercado o compensación económica; compiten por la identidad. Ofrecen a individuos ambiciosos opciones que escasas organizaciones pueden proporcionar: la oportunidad de convertirse en personas que de otra manera no podrían ser. En este sentido, son tanto creaciones organizacionales como tecnológicas. La inteligencia artificial no facilitará la creación de este tipo de instituciones; evidenciará quiénes ya poseen estas características y quiénes están dispuestos a esforzarse por desarrollarlas.
Recomendación musical para la lectura de esta columna: ‘People Are Strange’, de The Doors.
