Esta problemática es especialmente significativa ya que hasta el 80% de los pacientes oncológicos experimentan algún grado de malnutrición durante el tratamiento. Las complejidades habituales incluyen fatiga crónica, pérdida de masa muscular, alteraciones digestivas, cambios metabólicos, debilidad física y dificultades para conservar una alimentación adecuada. Algunos de estos efectos pueden manifestarse desde el inicio de la enfermedad y persistir durante prolongados periodos, sobre todo cuando los tratamientos son largos o crónicos.
La Asociación Civil SOSTÉN se dedica a resaltar la importancia de un enfoque de #TratamientoCompleto que incluya el cuidado nutricional y el seguimiento integral en el tratamiento del cáncer. A pesar de su impacto en la respuesta del organismo, la tolerancia a los tratamientos y el bienestar general, el efecto nutricional del cáncer suele ser menospreciado. Los pacientes que llegan bien nutridos al inicio del tratamiento tienen una mayor probabilidad de sobrevivir, aunque la mitad de ellos ya presenta deficiencias nutricionales detectables al momento de su primera consulta con el oncólogo.
El cáncer puede provocar inflamación sistémica y pérdida de peso, mientras que los tratamientos como la quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia o ciertas intervenciones quirúrgicas pueden provocar náuseas, diarrea, alteraciones del gusto, mucositis o disminución del apetito, complicando la adecuada alimentación y amenazando el estado nutricional. La desnutrición severa durante el tratamiento se asocia a estancias hospitalarias más prolongadas y una disminución en la sobrevida global.
“Muchas personas atraviesan el tratamiento oncológico lidiando con un desgaste físico muy importante que no siempre se visibiliza. El cansancio extremo, la pérdida de fuerza o las dificultades para alimentarse afectan profundamente la vida cotidiana y pueden limitar la autonomía si no se acompañan de manera adecuada”, comentó Agustina Senese, licenciada en nutrición y jefa de Cuidados Paliativos del Hospital ‘Dr. Cosme Argerich’, quien también comunica temas de salud a través de redes sociales y coordina el área de Nutrición de SOSTÉN.
Los especialistas señalan que la pérdida de masa muscular es una de las complicaciones más frecuentes y menos detectadas. Incluso quienes tienen un peso aparentemente normal pueden sufrir deterioro muscular y fragilidad, lo cual aumenta el riesgo de hospitalizaciones, infecciones, pérdida de autonomía y dificultades para llevar a cabo actividades cotidianas.
Por ello, enfatizan que la nutrición no debe ser abordada solo cuando hay pérdida de peso visible, sino que debe considerarse como una dimensión crucial en el cuidado integral desde el momento del diagnóstico y a lo largo de todo el proceso de atención.
“Hablar de #TratamientoCompleto implica entender que el cuidado oncológico va más allá del control de la enfermedad. También es fundamental acompañar aspectos que contribuyen al bienestar diario de las personas, como la alimentación, la energía física, la movilidad, la gestión de las emociones y la capacidad para mantener su calidad de vida”, afirmó María Alejandra Iglesias, presidenta de SOSTÉN.
Desde la asociación advierten que muchas de estas secuelas son erróneamente consideradas como consecuencias inevitables del cáncer o su tratamiento, lo que retrasa las consultas y limita las oportunidades de intervención precoz. Sin embargo, un enfoque interdisciplinario puede contribuir a mejorar la fuerza física, prevenir complicaciones y favorecer una mejor evolución.
Además del acompañamiento médico, muchas personas requieren apoyo nutricional, ejercicio adaptado, atención psicológica y redes de apoyo que les permitan mantener sus rutinas, relaciones y proyectos personales durante el tratamiento.
En este contexto, SOSTÉN enfatiza la necesidad de implementar estrategias de atención integral que aborden todas las facetas del cáncer y promuevan el bienestar de las personas, pues prevenir o tratar secuelas físicas y nutricionales debe ser parte esencial del cuidado.
