A primera vista, puede resultar sorprendente que una camionera necesite cruzar la Cordillera y se encuentre tan lejos de la frontera. Sin embargo, esto es consecuencia de un operativo de contingencia implementado durante los cierres prolongados del paso. Para evitar que una gran cantidad de camiones colapse la Ruta Nacional 7 y sature la zona de alta montaña, las autoridades han dispuesto diferentes puntos de espera. Uno de ellos es la estación de servicio de Las Catitas, que se ubica a más de 300 kilómetros del complejo fronterizo, donde cientos de choferes permanecen a la espera de mejores condiciones para avanzar.
Nacida en Ijuí, en el estado brasileño de Río Grande do Sul, Vanessa lleva años dedicándose al transporte de carga refrigerada y asegura que nunca había enfrentado una espera de esta magnitud. “Siempre fueron dos o tres días. Nunca tantos como este invierno”, comenta.
A pesar de la incertidumbre, destaca que en el lugar reciben buen trato. “Tenemos seguridad, comida, baños, duchas y una cierta tranquilidad. Estamos bien asistidos”, señala.
Sin embargo, lo más complicado no es el frío ni la incomodidad de dormir en el camión, sino la inactividad. “Lo más difícil es estar tantos días parados”, resume.
Durante más de una semana, su rutina ha consistido en charlas, mates de chimarrão, comidas improvisadas y largas caminatas alrededor de los camiones. El campamento improvisado agrupa transportistas de diversas empresas brasileñas que comparten la misma situación.
“Siempre hay más hombres. Están los chicos de otras empresas. Conversamos, hacemos comida, almorzamos, cocinamos, tomamos chimarrão y esperamos que pase el tiempo para poder cruzar a Chile”, detalla.
El uso del baño también requiere de paciencia. Durante el día, la temperatura es soportable, pero al llegar la noche, la situación cambia. “Si dejás la ducha para muy tarde, como hay mucha gente para bañarse, el agua termina estando más fría”, dice entre risas, mostrando su conocimiento del castellano.
Su historia también arroja un aspecto sorprendente: antes de ser camionera, trabajó como maestra. Durante años impartió clases, hasta que decidió cambiar radicalmente su vida para seguir un sueño que había tenido desde pequeña.
“Mi papá era camionero. Siempre me gustó esta profesión. Me gustaba la libertad. Siempre quise trabajar en esto y hoy hago lo que amo”, expresa con orgullo.
Poseedora de su propio camión, comenzó a trabajar en el transporte en 2010. Desde 2018, su vida transcurre principalmente en las rutas sudamericanas. No tiene hijos, es soltera y es consciente del costo de su elección.
“La vida en la ruta es complicada porque estás lejos de la familia, lejos de las personas que amás. La soledad, la salud… todo influye. Pero a veces uno renuncia a algunas cosas para poder tener otras. No podemos tener todo en esta vida”, reflexiona.
Ser mujer en un sector históricamente masculino no ha sido fácil. “Antes había mucho prejuicio. Hoy está más tranquilo. ¿Hay sacrificios? Sí. ¿Hay dificultades? También. Pero eso pasa en todas las profesiones”, asegura.
Mientras tanto, el tiempo avanza. Los pronósticos meteorológicos indican la llegada de nuevas nevadas en alta montaña en los próximos días, lo que mantiene la reapertura del Paso Cristo Redentor en la incertidumbre. Entre los camioneros, circula una fecha tentativa: algunos creen que el cruce podría normalizarse entre el 5 y el 10 de agosto, aunque ello dependerá del desarrollo de las condiciones climáticas.
Hasta entonces, Vanessa continuará realizando lo que ha hecho durante los últimos diez días: cocinar junto a otros choferes, compartir un chimarrão, dormir en la cabina y observar la Ruta 7 con la esperanza de que, cuando la nieve finalmente dé una tregua, el camino hacia Chile esté nuevamente habilitado.
