Después de que Romelu Lukaku sellara la victoria, el equipo belga llevó a cabo una celebración calculada. Los jugadores se unieron en un círculo, imitando el característico baile de Donald Trump, moviendo los brazos en un ritmo que parecía marcar una burla hacia el palco presidencial y el público estadounidense.
Esta imagen, que rápidamente se volvió viral, fue interpretada como una declaración directa hacia las autoridades locales.
El baile, conocido por sus brazos semiflexionados y balanceo de cadera, se había vuelto emblemático durante las campañas de Trump, siendo frecuentemente repetido por sus seguidores en grandes eventos. La decisión de una selección extranjera de usar esta coreografía para celebrar una victoria en suelo norteamericano se considera una provocación sin antecedentes.
La magnitud de la burla se entiende mejor al observar el contexto previo al partido. La selección estadounidense enfrentó la ausencia de su delantero estrella, Folarin Balogun, quien fue expulsado por una tarjeta roja directa en el encuentro previo. Sin embargo, Donald Trump, en una maniobra cuestionada, hizo público su deseo ante la FIFA para que se levantara la sanción sobre Balogun.
Su presión resultó en una decisión del comité de la FIFA, que permitió al jugador participar en el partido contra Bélgica. Esta acción causó gran indignación en el vestuario belga, que consideró que la Casa Blanca había interferido injustamente en el torneo.
Pocas horas antes del partido, Trump intentó restarle importancia a la controversia, afirmando con su estilo habitual: “Yo no le dije a Gianni (Infantino, presidente de la FIFA) lo que tenía que hacer. Creo que fue un comité el que tomó la decisión correcta, porque no fue falta y uno quiere ver un partido con los mejores jugadores.”
