Los inicios de estos informes se remontan a la década de 1980, cuando algunas empresas del sector químico comenzaron a publicarlos de manera voluntaria, con el objetivo de mejorar su imagen pública.
Con el advenimiento de los años 90 y el incremento de la presión sobre las empresas en relación a sus efectos ambientales y sociales, la práctica de informar sobre estos impactos se expandió a diversas industrias.
El hecho de que los reportes sociales y ambientales se volvieran comunes de manera voluntaria dio lugar a problemas como la diversidad de formatos y la dificultad para comparar y verificar los datos presentados.
Este escenario condujo a la necesidad de establecer sistemas que permitan la estandarización de los reportes de sostenibilidad, buscando mejorar su efectividad y credibilidad. En 1997 se creó la Iniciativa de Reporte Global (GRI), con el propósito de garantizar que las empresas mantengan prácticas responsables en el ámbito ambiental, ampliando posteriormente su enfoque hacia lo social, económico y de gobernanza.
Desde el año 2000, GRI ha comenzado a publicar sus directrices para la elaboración de estos reportes, estableciéndose hoy como los estándares más adoptados a nivel mundial. Según datos de GRI, el 90% de las principales empresas que realizan informes anuales sobre sostenibilidad utilizan estos estándares, que abarcan a más de 14.000 organizaciones a nivel global.
Lo que comenzó como una práctica voluntaria, destinada a mejorar la imagen pública de las empresas, ha evolucionado con el tiempo, convirtiéndose en un instrumento multifacético que puede aumentar la competitividad y eficiencia organizacional.
El reporte de sostenibilidad cumple varias funciones: (i) sirve para el cumplimiento normativo y gestión de riesgos, permitiendo identificar riesgos operativos y evitar incumplimientos; (ii) en el ámbito financiero y de marketing, contribuye a mejorar la relación con los consumidores, atrae inversiones y potencia la calificación crediticia; y (iii) a nivel administrativo, ayuda a optimizar recursos, comprometer a los empleados y generar confianza.
Sin embargo, el aumento en la utilización de estos informes también ha planteado problemas, como la dificultad para verificar y comparar los datos de desempeño de las empresas. Además, muchas veces se centraban demasiado en la narrativa, justificando la responsabilidad empresarial sin respaldarla con pruebas concretas, lo que derivó en prácticas engañosas de publicidad ambiental como el greenwashing.
Estas situaciones han llevado a que se comience a regular lo que antes era voluntario. En 2023, se introdujo la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) en la Unión Europea, que exige a las empresas de la UE y a las filiales de compañías extranjeras que informen anualmente sobre sus impactos ambientales y sociales, tanto positivos como negativos.
Además, la Directiva sobre Diligencia Debida de las Empresas en Materia de Sostenibilidad (Csddd) establece que las grandes empresas de la UE deben garantizar que se cumplan estándares ambientales, laborales y de derechos humanos en toda su cadena de suministro, incluyendo a sus proveedores en países fuera de la UE.
Para cumplir con estos estándares, las grandes empresas necesitarán auditar su cadena de suministro. A medida que estas multinacionales avancen en la implementación de sus procesos de control, las pymes que forman parte de dicha cadena se verán obligadas a proporcionar información o a presentar su propio reporte de sostenibilidad para mantener o establecer relaciones comerciales.
Asimismo, es importante tener en cuenta que los acuerdos firmados por el Mercosur con la UE y la EFTA no solo abrirán nuevas oportunidades para las empresas argentinas, sino que también obligarán a aquellas que deseen exportar a Europa a cumplir con las mismas exigencias que hoy aplican a las empresas del bloque. En un reciente encuentro organizado por GRI Latam, Andrea Semadeni, Embajador de Suiza en Argentina, subrayó que, a través del Acuerdo EFTA – Mercosur, es beneficioso para las pymes argentinas alinearse con las multinacionales y comenzar a elaborar sus reportes de sostenibilidad.
Con el fin de asistir a las pymes en la elaboración de sus reportes de sostenibilidad, GRI ha lanzado este año en Argentina, con el respaldo del Gobierno suizo, el Programa de Negocios Competitivos GRI 2026. Este programa propone un sistema simplificado para realizar los reportes, con el apoyo de socios implementadores elegidos en el país.
La iniciativa busca permitir que las pymes argentinas generen valor estratégico y fortalezcan su cadena productiva frente a competidores, logrando así diferenciación y ventajas competitivas.
El principal desafío para estas empresas es cambiar la percepción del reporte de sostenibilidad como un trámite o un costo extra, y reconocerlo como una parte integral de la gestión empresarial. Ante los acuerdos comerciales firmados por el Mercosur con la UE y la EFTA, la creciente demanda de transparencia en las cadenas de suministro globales, así como las exigencias de los consumidores, esa transición se vuelve imperativa para seguir siendo un proveedor competitivo.
