Luis Naidenoff critica a Caputo y Milei: ‘El Gobierno ha perdido la conexión con la sociedad’



Luis Naidenoff, un destacado dirigente radical con profunda experiencia en la gestión estatal, ha puesto bajo el escrutinio el equilibrio fiscal, considerado uno de los pilares fundamentales del programa económico actual de Javier Milei. Desde su posición en la Auditoría General de la Nación (AGN), Naidenoff cuestiona las decisiones de Luis Caputo, quien sostiene las cuentas públicas mediante la utilización de créditos destinados a la rehabilitación del ferrocarril. «El ministro reasignó 400 millones de dólares de un crédito del BID, destinado originalmente a la modernización integral de la línea San Martín, hacia la sostenibilidad de su programa económico», expresó.

En una entrevista, también advirtió sobre las consecuencias sociales que se derivan del rumbo económico adoptado, criticando la redistribución de recursos que deberían haber sido utilizados para la modernización ferroviaria. En este contexto, instó a que el radicalismo abandone la lógica de la polarización y busque construir una alternativa política efectiva. «Lo que han perdido Milei y el Gobierno es la sintonía social», afirmó enérgicamente.

Ante la pregunta sobre su crítica hacia Caputo, Naidenoff dijo: «El equilibrio fiscal es un dibujo, y es muy simple explicar por qué. Si se mantiene el equilibrio fiscal incumpliendo fallos judiciales como el de la Corte en materia universitaria, si no se respeta la Ley de Discapacidad, que cuenta con un fondo asignado para ello, y se recurre al Fondo Vial Fiduciario para destinarlo, como aseguró el propio vocero oficial, a ‘la sostenibilidad del modelo económico’, entonces es falso».

Al profundizar sobre las auditorías, el dirigente radicado en la provincia de Buenos Aires mencionó que hay un aspecto grave y delicado que afecta directamente a la seguridad de las personas. «Auditamos la línea San Martín en el periodo 2023-2024, que corresponde a la gestión de Milei. En 2024, esta línea sufrió un accidente muy serio: 66 heridos y dos personas en estado crítico. Lo que descubrimos en la auditoría es alarmante, ya que esa línea presenta la misma falta de inversión y los mismos problemas que llevaron a la tragedia de Once. Sin embargo, hay un agravante: en 2017 se logró un acuerdo con un banco para destinar 400 millones de dólares a la modernización integral de la línea San Martín. De esos 400 millones, 122 millones debían ser aportados por el Estado, que no desembolsó nada. Sin embargo, el ministro Caputo decidió reasignar esos 400 millones de dólares, que no habían sido utilizados, a la sostenibilidad del programa macroeconómico de la Argentina», explicó.

Consultado sobre las conclusiones que le arroja esta situación, Naidenoff observó: «No se trata solo del Fondo Vial o del sistema hídrico, son líneas de crédito que el Estado no está ejecutando lo que están sosteniendo el equilibrio fiscal. Esos 400 millones de dólares, destinados a un sistema que debería garantizar el funcionamiento de los trenes en la Argentina, fueron desviados para sostener el plan macroeconómico, y en algún momento se tendrán que devolver».

A la hora de detallar lo encontrado en la auditoría, destacó: «Durante un tiempo, hemos venido de auditores que no habían sido designados ni por la Cámara de Diputados ni por el Senado. En las auditorías más relevantes hay un hilo conductor que sugiere un Estado que ha desertado de manera crónica de sus obligaciones de control y que no toma en cuenta los hallazgos efectuados en la auditoría para corregir y mejorar la eficiencia y la eficacia del Estado. Se evidencia un problema endémico. Sin embargo, hay algo que se manifiesta, sobre todo, en este periodo de gestión, que tiene que ver con un Estado que ha abandonado sus obligaciones principales en materia de control, y ha discontinuado muchos programas que no se han ejecutado».

En lo que respecta al rol de los bloques de la UCR en el Congreso, Naidenoff reflexionó sobre la complejidad de ejercer una oposición responsable en un país marcado por una fuerte polarización. «En una primera reflexión, ejercer una oposición responsable en una Argentina marcada a fuego por la polarización exacerbada es muy complejo, pero hay que hacerlo. Desde el partido, hemos acompañado, y muchos legisladores lo hicieron, porque éramos conscientes de que este Gobierno gobernaba en minoría, no contaba con mayoría en las cámaras y necesitaba acuerdos para sostener y llevar adelante los primeros ejes de política que nosotros respaldamos. Es decir, apoyamos la estabilidad macroeconómica, la necesidad de un país que tienda a una inflación a la baja y un Banco Central que ordene: eran trazos gruesos que creo que la sociedad también respaldaba».

Al seguir desarrollando su argumento, Naidenoff no dudó en señalar que la situación actual difiere significativamente de los comienzos: «Después de más de dos años de gestión, hay un desequilibrio alarmante y una expulsión social de los sectores medios y medio-bajos que es preocupante, y el Gobierno no toma nota de esto. Honestamente creo que los legisladores del radicalismo y de otras fuerzas políticas que han acompañado deberían ser conscientes de ello. Un dato ilustrativo: seis millones de deudores han caído en mora en el sistema financiero y no financiero, incluyendo fintechs y billeteras virtuales, sin recibir respuesta alguna».

A su vez, Naidenoff negó que el panorama que describe sea parte de un plan elaborado por el Gobierno: «No, porque el discurso era diferente. Creo que hay una pérdida de empatía, y lo que han perdido Milei y el Gobierno es la conexión con la sociedad. El modelo marchaba acorde al plan basado en la reducción de la inflación y el ordenamiento de la macroeconomía. Sin embargo, el desafío también era mejorar la calidad de vida de las personas. Se demonizó a la casta, a los sectores privilegiados de la política y a lo peor de la política. La gente votó contra la casta, cansada de un sistema que no ofrecía respuestas, asumiendo que el ajuste no le iba a tocar a la sociedad. Y ahora nos encontramos con que no hay capacidad de reacción; hay un modelo que prioriza a un sector, convencido de la falacia de que si a la energía, a la minería y al agro exportador les va bien, ese éxito se traduciría, por efecto derrame, en progreso para los demás sectores. Sin embargo, lo que hemos presenciado es que estos sectores han cerrado: las empresas se quedan sin trabajadores, el dinero no alcanza y han ingresado en mora».

Finalmente, se le consultó si le gustaría escuchar ese mismo diagnóstico de parte de los dirigentes de su partido. Naidenoff respondió: «Mirá, el radicalismo es un partido con una dimensión federal y una dimensión nacional. La dimensión federal abarca la realidad de los cinco gobernadores que administran provincias y enfrentan desafíos día a día, ya que la recaudación ha caído. Es importante tener en cuenta que cuando el consumo disminuye, también baja el poder adquisitivo, lo que afecta al IVA y, por ende, impacta en la coparticipación. Me gustaría ver al radicalismo asumir el reto del momento, construyendo una alternativa, porque no debe confundirse, como parece hacerlo el Gobierno. El Gobierno está apostando a algo que ya vivimos con Cambiemos y que resultó en un fracaso: la polarización extrema. Actualmente estamos atrapados en un péndulo de extremos, como el fantasma del pasado: nadie quiere el ‘tren fantasma’, pero tampoco nadie tiene certeza sobre qué hacer.» 
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