En la Casa Rosada predominan la frustración y la falta de espíritu de equipo. Esta semana quedó en evidencia: la reunión de la mesa política volvió a suspenderse por segundo martes consecutivo, la disputa con Patricia Bullrich se acercó a un punto de no retorno y siguió corriendo la cuenta regresiva para suspender las PASO, sin novedades y, en parte, por desacuerdos internos. Un integrante del primer anillo presidencial lo resumió así: “Estamos como en el día de la marmota”.
El desánimo crece mientras el riesgo país no encuentra techo y las acciones argentinas atraviesan una corriente vendedora en Wall Street, a contramano de la reacción favorable de los mercados internacionales al triunfo demócrata en Estados Unidos. Tal vez por eso, la inflexibilidad del equipo económico, asociada a la ortodoxia de Javier Milei, empezó a mostrar sus límites. Tras meses en los que cualquier propuesta para impulsar la reactivación era calificada de “plan platita”, Luis Caputo anunció incentivos para facilitar el acceso al crédito y aliviar, a través de ARCA, la presión sobre los sectores económicos rezagados.
La cadena de comunicación del gabinete, por su parte, exhibió cortocircuitos graves. El Poder Ejecutivo firmó el sábado el proyecto de Ley de Competitividad Financiera y lo envió al Congreso. El texto ingresó formalmente, bajo un estricto hermetismo, a la Cámara de Diputados el lunes y se conoció públicamente el martes. Los inversores encendieron las alarmas al advertir que uno de los artículos gravaba con Ganancias la venta de CEDEARs. La medida, considerada “anti-mercado”, podía echar kerosene sobre un escenario complejo, con el riesgo país en alza. Esa misma noche, a las 22:50, el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt, blanco de críticas injustas en las redes sociales, tuvo que retirar el proyecto del Parlamento. Un papelón.
¿Qué salió mal? El proyecto tuvo dos responsables intelectuales: el Ministerio de Desregulación se ocupó de la parte regulatoria y el Ministerio de Economía, de la impositiva. Lo más llamativo es que la mesa política del Gobierno conocía el texto. No sucedió como con otras iniciativas, entre ellas la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que se trató en la intimidad del vínculo entre Federico Sturzenegger y Javier Milei.
La iniciativa se presentó y debatió el 13 de octubre en la mesa política. Sturzenegger participó y también hubo una videollamada con funcionarios de la Comisión Nacional de Valores para despejar dudas. En ese ámbito, Santiago Caputo señaló la contradicción ideológica de gravar los CEDEARs. “Nosotros bajamos impuestos, no los subimos”, planteó. Patricia Bullrich también cuestionó el artículo. Sturzenegger, en cambio, defendió la idea de aplicar el impuesto a todos los inversores por igual para estimular el uso de instrumentos locales. La discusión quedó abierta y Diego Santilli se comprometió a evaluar cuándo sería oportuno enviar el texto al Congreso.
Después, los ministerios de Desregulación y de Economía ajustaron el proyecto. Finalmente, lo firmó el propio Javier Milei. ¿Se trató de un simple descuido? ¿Se filtró una “versión vieja”, como afirmó Felipe Núñez, o existía una decisión de gravar los CEDEARs?
Cuando el debate llegó a los mercados, el Gobierno retiró el proyecto completo. “Done. Recuerden que el Presidente nunca defrauda”, publicó Santiago Caputo, quien se atribuyó el logro desde su lugar de asesor sin cargo. María Ibarzabal, que ya había advertido sobre los problemas del texto, instrumentó su retiro total con el aval del Presidente.
“Todos se dieron cuenta que esto podía ser un problema grande en el momento delicado en el que estamos. A (Mauricio) Macri le pasó lo mismo con el impuesto a la renta financiera. En un momento de cambio de expectativas, algo así puede encender una mecha. Toda la pizarra argentina viene para abajo y el riesgo país para arriba. Penalizar al mercado era un mensaje muy extraño”, afirmó un asesor que conoce las discusiones internas.
Las elecciones de medio término en Estados Unidos y la derrota de Donald Trump tuvieron distintas interpretaciones dentro del oficialismo. Todas circularon mientras Milei recurría, una vez más, a un silencio atronador. Como cuando Lula ganó en Brasil, no le dedicó ningún mensaje en la red social X a su aliado estadounidense. Un mutismo político selectivo.
En las redes, sin embargo, los libertarios sintieron el golpe. Mariano Perez hizo una transmisión en la que reconoció que sus predicciones electorales habían fallado y que la ola demócrata había sido mucho más contundente de lo esperado. También hubo una discusión interesante en Carajo. “En la Argentina yo soy más optimista, tenemos más fresquitas las consecuencias económicas nefastas del otro modelo”, dijo Daniel Parisini. Un integrante de su mesa, conocido como Sick Durden o Gordo Matrix, le contestó: “Un partido político tiene que lograr que la gente diga ‘confío en vos’. Había temas de tarifas y un montón de cosas que a la gente no le gustaban. Fue culpa del gobierno que no se ganó a la gente. Hubo un montón de cosas que no gustaron”.
La pregunta también sirve para pensar en la política local. ¿En las elecciones de otros países, y en las que se celebrarán en la Argentina en 2027, se discuten modelos o soluciones concretas para la vida de los ciudadanos? ¿El ciclo político mundial y local se explica por el rumbo o por las respuestas concretas?
Es el mismo debate que se dio en las últimas horas dentro del peronismo. La visita de los asesores de Lula, el legislador André Janones y los consultores de la agencia Nordex Rafael Marroquim y Chico Kertész, dejó una enseñanza novedosa para Cristina Kirchner. De acuerdo con una reconstrucción de la conversación, los brasileños sostuvieron que hoy ya no alcanza con una campaña basada en la nostalgia y el legado. “La gente dice: sé que me diste todo esto antes pero necesito que me digas que va a pasar conmigo mañana”, contó una persona del primer anillo de la expresidenta.
En la alta política porteña, cada sector buscó confirmar su propia interpretación del resultado estadounidense. “¿Hay ciclos globales? Sí. Pero esos ciclos globales no explican la solución específica en cada país”, señalaron en el espacio de Santiago Caputo.
En la Casa Rosada admitieron que Milei se había comprometido de lleno con figuras como Bolsonaro y Trump y que, del mismo modo que habría capitalizado sus triunfos, ahora sufre el desgaste de sus derrotas. Sin embargo, descartaron consecuencias concretas para el vínculo con Estados Unidos, incluso si el líder republicano gobernara desde una posición de debilidad. “La relación de los Estados Unidos con la Argentina no está en discusión. Ahora que perdió Bolsonaro, Milei es más importante en términos de la resistencia a China en América Latina”, señalaron.
Bullrich interpretó el resultado desde su propia perspectiva: “La gente castigó a Trump por el aumento de la nafta, la guerra en Irán y el ICE. Castigó la falta de respuestas económicas y los excesos institucionales”, dijeron cerca de la senadora. Cualquier semejanza con su planteo sobre la política interna, aclararon, sería pura coincidencia.
Como ya se señaló, Karina Milei no convocó a la mesa política por segunda semana consecutiva. La explicación fue operativa: la hermana del Presidente está muy ocupada con los detalles de la visita del Papa. Una muestra de ello es que no acompañó a su hermano a Madrid. “No quiere fisuras en toda la visita de León XIV”, dicen en su entorno.
Aunque la explicación oficial apuntó a cuestiones prácticas, la falta de diálogo tuvo efectos internos concretos. Cuando se supo que no habría reunión en la Casa Rosada, escucharon a Bullrich decir: “Estarán decidiendo en otro lado”. En parte, tiene razón: existe una mesa política reducida, integrada solo por los Menem, Karina y Diego Santilli, que suele reunirse los martes a media mañana, antes del encuentro con los demás.
La senadora respondió con una foto de su equipo y una demostración de fuerza.
El grupo de Bullrich se reunió en las oficinas que la exministra tiene en la calle Bulnes. Ella suele organizar esos encuentros, aunque esta vez difundió la imagen. Uno de los diputados presentes deslizó: “Fue una manera de decir ‘acá estamos, estos somos. Patricia tiene 15 diputados… y vamos a ver”.
Cerca de Karina creen que el grupo de Bullrich no se limita a reclamar más atención dentro del Gobierno. Sospechan que prepara algo más. Hace tres semanas tomaba fuerza la posibilidad de una fórmula Milei-Bullrich; incluso se pensaba que la senadora actuaba para contener a un electorado republicano. Pero el clima se volvió mucho más tenso. “Ella no busca una fórmula presidencial, busca otra cosa. Nos esmerila todos los días. Yo creo que después de la visita del Papa se pudre todo”, dijo un funcionario que habla a diario con la secretaria general de la Presidencia.
En el Gobierno, todos recibieron la instrucción de buscar la concordia hasta dentro de una semana, cuando León XIV deje la Argentina. El gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, fue el primer invitado confirmado al acto institucional del domingo en el Palacio Libertad. Sin embargo, contra el deseo de la Iglesia, nadie en la Casa Rosada cree que el espíritu de diálogo vaya a durar más allá de la bendición papal al país.
Bullrich, por su parte, respaldó las medidas que Luis Caputo anunció ante la Unión Industrial Argentina. En particular, la suspensión de los embargos de ARCA contra las pymes. Además de celebrar la decisión, la senadora destacó que lleva un año planteando el problema de las pequeñas empresas asfixiadas por la autoridad fiscal.
Los anuncios de Caputo a los industriales fueron una novedad y el único momento de la semana en que el Gobierno mostró mayor iniciativa y capacidad de reacción. Si las disputas internas frenan la gestión política, la ortodoxia de Milei limita la imaginación económica.
El Gobierno anunció medidas para reducir la presión financiera sobre las pymes y las empresas. Además de suspender los embargos, presentó planes de pago, compensaciones de créditos fiscales y una línea de crédito para la industria automotriz. Aunque, como advirtieron los industriales, se trata apenas de paliativos para un sector muy golpeado, el anuncio fue novedoso en dos sentidos. Primero, el Gobierno mostró cierta creatividad con medidas económicas sin costo fiscal. Hasta hace una semana, la posición de la Casa Rosada, derivada de la línea del Presidente, era que no se podían tomar medidas sin expandir la base monetaria. Cualquier iniciativa económica era equiparada a un “plan platita”. Como si no hubiera nada que hacer.
En segundo lugar, las medidas reflejaron que el Gobierno reconoce que la economía está estancada y al borde de una recesión. Quedó atrás el cuestionamiento a la serie desestacionalizada del INDEC. También admitió que necesitan estímulos los sectores que hasta hace poco quedaban bajo la lógica de “reconversión o muerte”. “Tampoco son cambios significativos. Pero es un mensaje a la industria de estamos tomando nota. Para el anuncio se eligió tiempo y lugar”, dijo un funcionario de la Casa Rosada.
Si la economía acumula señales de alerta, la gestión política tampoco encuentra su “onda verde”. Javier Milei pidió resultados a su equipo en tres proyectos: el Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, que genera especial ansiedad en Washington; la iniciativa de Defensa de la Soberanía Nacional y la reforma política. La “ley Malvinas”, que avanzó con un dictamen gracias a una colaboración inusual entre Martín Menem y Santiago Caputo, encontró nuevas resistencias en los últimos días. Al parecer, el “Operativo Bolsonaro”, en el que el asesor presidencial participó de una puesta en escena de película de espías en las Cataratas del Iguazú, no generó confianza sobre lo que el Gobierno podría hacer con un Consejo de Seguridad Nacional de gran poder, integrado, entre otros organismos, por la SIDE y el Ministerio de Defensa.
En cuanto a la suspensión de las PASO, el resto del gabinete empieza a perder el optimismo, pese a que Diego Santilli sigue pidiendo que confíen en él. “Para mí ya está herido de muerte el asunto”, comentó esta semana un importante colaborador de la Casa Rosada. Otro funcionario de alto rango agregó: “Estamos cerca y a la vez estamos lejos. Hay papers que circulan con la UCR y con los gobernadores. Pero esto depende de que una de las dos partes ceda”.
Las negociaciones políticas pueden destrabarse de un momento a otro, pero el intercambio entre la Casa Rosada y los gobernadores lleva semanas estancado. La clave son las listas legislativas nacionales. Los Menem no quieren que La Libertad Avanza se “venda barato” ni que ceda bancas, una posición que deja al jefe de Gabinete sin margen de maniobra.
Un gobernador con buen diálogo con el Gobierno lo explicó así: “Varios de nosotros ya dijimos públicamente que estamos para suspender las PASO. Pero falta que el Gobierno nos diga que nos va a dar a cambio. En el toma y daca, falta el daca”.
Mientras espera que su equipo muestre resultados, Milei viajó a España para conseguir las imágenes que no había logrado en su visita anterior. Santiago Abascal, líder de Vox, finalmente lo recibió en persona a última hora de ayer y le regaló una foto. Hoy también volverá a recibirlo Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. No parece haber un vínculo con Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular y favorito para encabezar el Gobierno español después de las elecciones del 29 de noviembre.
Tras las derrotas de sus aliados en Brasil y Estados Unidos, el Presidente se aferra a la batalla cultural en España. El líder libertario, que hasta hace poco se veía al frente de una gran “ola global azul”, quedó de pronto en una posición defensiva. La visita del Papa al país abrirá un paréntesis de unidad religiosa. Milei, sin embargo, espera que despierte en la ciudadanía otro impulso que hoy está apagado: la esperanza.
