Al conocerse la presencia del mandatario, numerosas personas se acercaron espontáneamente a las veredas del templo. Allí las aguardaba un amplio operativo de seguridad, con vallas. Cuando llegó Milei, los vecinos expresaron su rechazo. El referente de La Libertad Avanza bajó rápidamente de la camioneta y entró en la iglesia. Tras pronunciar un breve discurso, a la salida reunió coraje y lanzó un beso irónico hacia quienes permanecían en el lugar, aunque casi nadie lo vio.
Para María, vecina de Boedo, la tarde había empezado como cualquier otra. En la farmacia, un empleado le comentó que Milei podía visitar la iglesia evangélica del barrio y la invitó a manifestarse contra las políticas de ajuste del Gobierno. “Yo salgo a las 9 y media, y esto es a las 7″, le dijo. María prometió que iría y se puso a caminar por la zona, sorprendida por el despliegue de seguridad.
Al llegar, advirtió que no era la única que había ido a repudiar al Presidente. Había personas con cacerolas, padres con chicos sobre los hombros, familias enteras y muchos adultos mayores. “Hasta una abuelita en esos andadores que te podés sentar un poquito, lo puteó de arriba abajo”, recuerda entre risas. La cantidad de agentes movilizados para proteger al mandatario era comparable a la de los manifestantes. «Hizo toda una parafernalia con la cantidad de carros de asalto, los bomberos, hasta ambulancia había», describió María. También reconoció a varios hombres de civil que, según dijo, “te dabas cuenta enseguida que eran canas”.
Después de las 19.30, Milei llegó a la sede de la Noche de Celebración por Israel. Los presentes coincidieron en el cántico, casi al mismo tiempo: “Hijo de puta”, escuchó el Presidente desde la ventana de su camioneta, junto con la conocida rima que empieza con «Milei compadre». Los gritos lo apuraron a entrar en la iglesia. Los vecinos también aprovecharon para plantearle reclamos propios: “Ocupate de las universidades”, “Boedo no se vende” y “devolvé los remedios oncológicos”.
María explicó por qué se sumó al cacerolazo: “Fui por un cúmulo de cosas. Pero, sobre todo, por la injusticia social. Me indigna que estén vendiendo nuestras tierras, me indigna que no entreguen los medicamentos oncológicos, porque tuve amigos que se murieron porque se los sacaron”, contó. Aunque el Gobierno nacional sostiene oficialmente que está garantizada la cobertura de esos fármacos, organizaciones sociales y profesionales alertan sobre demoras críticas y faltantes.
La indignación, como la de María, se repitió entre decenas de vecinos. “Había una mujer al lado mío que el marido había votado a Milei; la hija y el yerno le dijeron que, bueno, que no se metiera en quilombos porque la policía estaba muy suelta. Ella les dijo que no podía garantizar que no le peguen, pero que iba a ir porque necesitaba desahogarse. Así estábamos todos”, relató.
El discurso
Dentro del templo, Milei habló durante unos diez minutos en la gala y procuró dejar de lado el malestar que se manifestaba afuera. Como en otras ocasiones, reafirmó su apoyo incondicional a Israel. Lo justificó al decir que “no defendemos a Israel por un capricho personal del presidente de la Nación (él mismo), sino porque hoy es el baluarte de nuestros valores en el mundo frente a quienes quieren destruirnos”.
También afirmó que «los terroristas no están solos», sino que reciben ayuda de la izquierda internacional, que, según sostuvo, trabaja para debilitar la confianza en los gobiernos liberales (…) “Hoy el terrorismo y el antisemitismo buscan romper con estos lazos, nuestra confianza y los valores que nos unen”, dijo. Luego elogió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al mandatario israelí, Benjamín Netanyahu. Además, celebró la próxima visita del papa León XIV a la Argentina, que calificó como un acontecimiento que permitirá “reforzar nuestro compromiso con los valores que constituyen los cimientos de Occidente”.
Salida y beso
Después de los abucheos que recibió al llegar, Milei buscó evitar otra situación similar al retirarse. Según relataron quienes estaban allí, salió por el mismo acceso por el que había entrado, protegido por el operativo de seguridad. La camioneta que lo trasladaba avanzó a contramano por Carlos Calvo hasta la calle Maza. La maniobra fue tan rápida que los vecinos no advirtieron que el Presidente iba en el vehículo. Ante las cámaras, el líder de La Libertad Avanza lanzó un beso provocador, aunque nadie lo vio. “Nos quedamos hasta las nueve de la noche todos gritándole a la nada. Lo necesitábamos para desahogarnos”, contó María.
La actividad del lunes fue la segunda visita de Milei a un templo evangélico en tres días. En esta ocasión participó de un encuentro de la comunidad israelí. El sábado por la noche había viajado a Neuquén para inaugurar el nuevo auditorio de la Iglesia Jesús es Rey. Su pastor, Hugo Márquez, es padre de Nadia Márquez, senadora de La Libertad Avanza y cercana a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia. El nombre de la legisladora neuquina figura entre los posibles candidatos a acompañar a Javier Milei en la fórmula para las elecciones de 2027.
Además de conducir Jesús es Rey, Hugo Márquez es vicepresidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina, entidad que agrupa a más de 15.000 templos del país. Omar Cabrera, pastor de Visión del Futuro, donde ocurrió el episodio, mantiene una relación estrecha con la organización, aunque no integra sus filas. El templo de Boedo fue sede en varias oportunidades de asambleas organizadas por la alianza.
