En una entrevista reciente, la pareja del célebre futbolista Cristiano Ronaldo recordó sus inicios en el mundo laboral y destacó cómo disfrutaba igualmente de sus primeras experiencias laborales: “También fui feliz siendo camarera y poniendo menús de 10 euros”, expresó.
Rodríguez relató que, a la edad de 18 años, tenía la intención de continuar sus estudios, sin embargo, las circunstancias no le permitían abandonara su hogar en Jaca, un pequeño pueblo donde creció. Todo cambió cuando recibió una oferta para emplearse en un hotel de una localidad cercana a Barbastro, lo que está aproximadamente a dos horas y media de su pueblo natal. Su madre le proporcionó 100 euros para que pudiera realizar el viaje hacia su nuevo trabajo y, de esta manera, comenzó a recibir un salario, a afrontar un alquiler y a llevar una vida más autónoma.
Después de su experiencia laboral en el hotel de Graus, Georgina tenía claro que su ambición era mudarse a Madrid. Su objetivo era estudiar Administración de Empresas, por lo cual se trasladó a la capital española junto a su hermana, quien también se preparaba para presentar la selectividad. Una vez establecida en Madrid, dejó su currículum en Inditex e, inmediatamente, comenzó a trabajar en Massimo Dutti.
Fue en ese período que la joven empezó a nutrirse de su interés por la moda. En la entrevista, recordó que paseaba por la Milla de Oro de Madrid, admirando los escaparates de las marcas exclusivas. “Cuando entraba a una boutique de lujo, para mí era como entrar en un museo”, remarcó.
Posteriormente, se trasladó a Inglaterra para laborar como niñera, donde tuvo la oportunidad de aprender el idioma inglés. Al regresar a España, pudo obtener un puesto en Gucci, lo que le permitió adentrarse cada vez más en el fascinante mundo de la moda. En relación a esa etapa, recalcó que su interés primordial radicaba en la moda en sí misma y no necesariamente en el lujo: “Lo del lujo es muy relativo”, afirmó.
Al recordar su trayectoria y sus primeros empleos, Rodríguez subrayó que no veía diferencias entre desempeñarse como camarera, planchar sábanas o vender bolsos. La satisfacción personal provino siempre de cumplir a cabalidad con las tareas que le eran encomendadas.
“A mí me contrataban por hacer un trabajo y mi satisfacción diaria era irme a casa pensando que lo había hecho muy bien”, explicó en la entrevista.
Además, la influencer compartió que disfrutaba interactuar con los clientes en el restaurante de Graus y se alegraba al ver que salían satisfechos tras la comida. Recordó incluso las propinas que solía recibir: “Me daba dos euros de propina”, comentó.
A través de los años, su situación económica y profesional sufrió una transformación significativa. Sin embargo, Rodríguez destacó que aquellas experiencias resultaron esenciales para su crecimiento personal, y enfatizó que no mide su felicidad únicamente en términos monetarios o del tipo de empleo que ha tenido. “He disfrutado igual de camarera que planchando sábanas o vendiendo bolsos”, concluyó, reafirmando que cada etapa de su vida ha tenido un valor intrínseco.
