Rodríguez detalló que esta disputa se enmarca dentro de una crisis política general del oficialismo, que, a pesar de los problemas internos, logra mantener un equilibrio gracias al control del dólar. Añadió que, aunque la inflación ha disminuido, esto no necesariamente implica una mejora integral en la economía.
La tensión entre Kirchner y Kicillof no se asemeja a las clásicas internas del peronismo. El analista la caracterizó como un enfrentamiento más limitado, enraizado en el kirchnerismo y predominado por diferencias personales y el control de decisiones claves.
Ambos líderes comparten gran parte de su trayectoria política, lo que lleva a que sus diferencias no se relacionen con visiones de políticas sustancialmente opuestas, sino con disputas sobre liderazgo y capacidad de definir acuerdos.
Rodríguez comparó la situación actual con anteriores divisiones en el peronismo, como las que se dieron entre renovadores y verticalistas, o entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde. A su juicio, los conflictos del pasado eran más densos, ya que involucraban modelos de país y liderazgos territoriales, así como cuestiones económicas.
En contraste, la contienda actual se desarrolla con menos apoyo territorial, ideológico y un sentido político reducido. Con respecto a Kicillof, el analista apuntó que su influencia creció durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner y que ha jugado un papel importante en la discusión económica, particularmente en relación con las decisiones de Martín Guzmán durante la gestión de Alberto Fernández.
Por su parte, Máximo Kirchner intenta afianzar vínculos doctrinarios con figuras afines al kirchnerismo original. Sin embargo, Rodríguez considera que esta búsqueda no cambia la esencia de la disputa, ya que no emergen diferencias políticas significativas entre los bandos en conflicto.
El eje de la confrontación, según Rodríguez, gira en torno a la figura de Cristina Fernández de Kirchner, quien procura preservar su rol de electora dentro del peronismo y asegurar su capacidad para definir candidaturas y organizar la estructura política desde su propio espacio.
El analista también mencionó al Instituto Patria y a San José 1111 como núcleos que simbolizan esta centralidad. La cuestión de “la lapicera”, que alude al control sobre la selección de candidatos, resume el conflicto intrapersonal.
Rodríguez recordó la participación activa de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones de 2017 y 2019, contrastando esto con la trayectoria de Máximo Kirchner, quien no ha competido electoralmente por un liderazgo propio.
En este entorno interno, el analista ubicó a Sergio Massa como la última figura que ha representado una disidencia significativa en el peronismo en la provincia. Rememoró el surgimiento del Frente Renovador en 2013, que abordó temáticas como seguridad y reformas tributarias, conectando con los sectores medios y populares del área metropolitana.
Con el tiempo, Massa ha visto reducida su capacidad de maniobra, pasando a desempeñar un rol de articulador político. Rodríguez lo describió como un dirigente abierto al diálogo con otros sectores y dispuesto a involucrarse en negociaciones que otros evitan.
Esta autonomía de Massa se inscribe en un contexto interno caracterizado por el temor y la supervisión política en el kirchnerismo, con muchos dirigentes limitando sus movimientos para no desafiar la autoridad de Cristina Fernández de Kirchner.
Una posible candidatura de Massa podría depender de la evolución de la interna y del respaldo de la expresidenta. Rodríguez advirtió que, si el conflicto se intensifica, el peronismo podría perder su capacidad para articular una alternativa electoral.
El analista destacó a Malvinas como uno de los pocos consensos en la sociedad argentina, afirmando que su inclusión en la Constitución Nacional de 1994 y el reclamo de soberanía generan apoyo, incluso en sectores con posturas a menudo divergentes.
Sin embargo, aclaró que este consenso no se traduce necesariamente en una ventaja electoral para el Gobierno, señalando que una postura favorable hacia la cuestión de las islas no garantiza votos, aunque complica las críticas de sectores opositores hacia las políticas estatales relacionadas.
Rodríguez recordó la convocatoria de Cristina Fernández de Kirchner en 2012 para conmemorar la reimpresión del informe Rattenbach, donde participaron dirigentes de diversos espacios políticos. En cuanto a Javier Milei, el analista subrayó que, a pesar de las crisis políticas, el Gobierno mantiene un control sobre el dólar que ayuda a sostener su situación.
Añadió que la proliferación del trabajo a través de aplicaciones ha transformado la forma en que se experimentan las crisis sociales, comparando esta dinámica con los movimientos de desocupados de 2001, y observando que en la actualidad, muchas personas combinan diversas tareas sin un empleo formal.
Este cambio también ha modificado la relación entre los líderes políticos y la sociedad. Rodríguez señaló una pérdida del carácter federal de la política argentina, a pesar de que la estructura institucional se conserve. Como testimonio de esta desconexión, mencionó el triunfo de Milei en provincias donde carecía de una estructura electoral sólida, atribuyendo este resultado a una dirigencia que se aleja de la realidad social y a un peronismo que debe reorientar su enfoque hacia los problemas de la sociedad, en vez de únicamente en los conflictos internos entre sus dirigentes.
