La diferencia entre esos recuerdos y la cruda realidad actual es contundente. El reconocido boxeador, originario de Caleta Olivia, falleció a los 59 años en el Bingo de Morón, donde se encontraba en compañía de su hija Quimey y una expareja. La autopsia preliminar reveló que sufrió un edema agudo de pulmón por una falla cardíaca. Castro había sido diabético e insulinodependiente durante años, y Quintero, quien lo conocía íntimamente desde el ámbito clínico, mencionó lo que ya se intuía: “Él tenía diabetes, era fumador y no siempre realizaba sus controles de salud. Hacía actividad física, pero a veces omitía los chequeos”, señaló el médico. “Me duele el pecho, me duele mucho, hija”, fueron las últimas palabras que Quimey oyó de su padre antes de que perdiera la conciencia.
Quintero enfatizó que la comunicación entre ellos se mantuvo activa hasta el final. Al ser consultado sobre cuánto tiempo había trabajado con el boxeador, respondió sin dudar: “Desde 1994 hasta ahora, porque lo vi hace un mes, por eso no puedo creer lo que sucedió”. Para él, el streaming compartido semanas atrás representa la última imagen de un Castro lleno de vida, bromas y aparentemente saludable. Una imagen que hoy resulta incomprensible.
La relación entre Quintero y Castro se inició de forma casual a mediados de los años 90. “Lo conocí de casualidad porque era médico de Defensores de Belgrano, donde nos concentraban en el Hotel Cosmos, en Constitución”, explicó Quintero. Allí se conocieron por primera vez: “Jorge tuvo un problema en la mano y me pidieron que lo revisara. A partir de entonces, establecimos una relación excelente”, agregó.
Lo que comenzó en una concentración de fútbol se transformó en una asociación que duraría 30 años. “Cuando tuvo la oportunidad de pelear por el título mundial contra Johnson en Tucumán, me eligió a mí”, recordó Quintero. En aquella memorable noche del 12 de agosto de 1994, en el Club Defensores de Villa Luján de Tucumán, Castro se consagró campeón al derrotar por decisión dividida al estadounidense Reggie Johnson, obteniendo así el cinturón de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Fue la primera vez que Quintero ocupó el rincón de un campeón mundial, comenzando así una trayectoria que lo llevó a trabajar con 15 campeones en cinco continentes.
La lealtad de Castro fue un aspecto destacado en su relación, algo poco común en el mundo del boxeo, donde los cambios de equipo son habituales. Quintero lo resumió con orgullo: “Castro cambió de pareja, de promotor, de mánager, de preparador físico y de técnico, pero siempre eligió al mismo médico. Eso es algo que valoro”.
Unos meses después de su consagración en Tucumán, el médico fue testigo de una de las hazañas más recordadas del boxeo mundial. El 10 de diciembre de 1994, en Monterrey, México, Castro defendió su título ante John David Jackson en una pelea que parecía perdida para él. Con el rostro desfigurado y heridas en ambos párpados, Castro estuvo al borde de la derrota cuando, en el noveno asalto, conectó un potente golpe al mentón de su oponente que cambiaría el curso de la pelea. Jackson cayó tres veces y el árbitro decretó el nocaut técnico. Quintero fue el encargado de atender las lesiones de Castro tras el combate: cinco puntos en un ojo, seis en el otro y dos en la boca.
Di Primio, quien compartió los últimos momentos de Castro en el Bingo de Morón, también reveló que el exboxeador estaba trabajando en un proyecto con una productora para llevar su vida a una serie de Netflix. “Estaba muy emocionado con eso porque decía: ‘Voy a poder contar mi historia en vida’”, comentó Di Primio. La reunión para ultimar detalles de la producción estaba programada para esa misma semana.
Castro dejó un legado impresionante en el boxeo argentino, con un historial de 144 combates: 130 victorias —90 por nocaut—, 11 derrotas y tres empates. Sin embargo, en sus últimos años, dedicó gran parte de su tiempo a apoyar comedores y merenderos en el conurbano bonaerense, una causa que le apasionaba y que intentó impulsar con apoyo estatal sin éxito.
La familia decidió que la despedida fuera íntima. Su pareja, Noe Vigliarolo, escribió en las redes sociales que ambos planeaban comprometerse ese fin de semana durante un viaje a la costa. Quimey habló públicamente al informar que su madre estaba “muy mal” y su hermano se sentía “destruido”. Para Quintero, la pérdida representa algo más profundo: no se marchó solo un paciente, sino un hombre que lo eligió sin dudarlo durante más de 30 años cada vez que entraba al ring. El médico, que lo vio bien tan solo semanas atrás, ahora se encuentra atónito ante lo que ha ocurrido.
