Co-fundador de Grondplek: Mateo Salvatto, afirma que La tecnología “no busca reemplazar a los trabajadores” y si optimizar los tiempos de construcción.

Frente a un costo de construcción que se mantiene elevado, los desarrolladores están en la búsqueda de alternativas que les permitan incrementar su eficiencia. Una de las áreas clave que aún tiene espacio para optimización es la duración de las obras.

En este marco, está surgiendo un método que promete transformar la industria de la construcción: las estructuras de cemento elaboradas con impresoras 3D.

Lo que en el pasado solo se veía como una tecnología restringida a pequeños objetos de plástico, hoy comienza a consolidarse en proyectos de gran envergadura a nivel global. Por ejemplo, en 2025 se inauguró en Texas una tienda de Starbucks construida mediante esta técnica. En ese mismo año, en Japón, se imprimió una estación de tren en un tiempo récord de seis horas. En Estados Unidos, también están avanzando proyectos de barrios cerrados donde todas las viviendas se fabrican a través de este método.

La tendencia ya se encuentra presente en Asia, Europa y Norteamérica, y en Argentina también está empezando a integrarse en este proceso. “Una vivienda de 120 m² puede tener la obra gris lista en 48 horas,” afirma Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, empresa dedicada a la impresión 3D de hormigón aplicada a la construcción, durante su participación en el podcast Experiencia que construye.

La startup creada por Salvatto y tres socios ofrece servicios relacionados con el desarrollo urbano y rural, estaciones modulares, residencias y construcción corporativa integral.

Construir una estructura utilizando esta metodología se aleja de los métodos tradicionales. Según Salvatto, la impresora cuenta con dimensiones de aproximadamente 11 metros por 11 metros y una altura de 7 metros, y utiliza una mezcla compuesta de cemento y un 2% de aditivos.

El sistema incluye una planta mezcladora compacta, conectada a una bomba y a una manguera especial que alimenta el cabezal de impresión. De este modo, la estructura se edifica “capa por capa a una velocidad sorprendente”.

Lejos de la percepción de fragilidad que podría asociarse a las construcciones impresas, Salvatto asegura que las viviendas producidas son antisísmicas y poseen doble pared con una cámara de aire. “No la rompes con nada,” resume Salvatto.

“Imagina una casa que puede reducir su costo de mercado en un 30%, finalizada en una semana, y que puedes fabricar una tras otra,” indica. También destaca otra ventaja importante: la significativa reducción del desperdicio de material, dado que la impresora inyecta solo el concreto necesario para cada etapa del proceso.

“Son casas de buena calidad, con un diseño disruptivo, curva y contracurva para optimizar el uso del espacio, altamente aislantes y, por ende, con mejor eficiencia energética,” agrega.

En cuanto a los materiales requeridos, Salvatto asegura que no son difíciles de obtener. “Es hormigón, nada muy místico,” subraya.

Incluso los aditivos, tales como plastificantes y acelerantes, están disponibles en el mercado local. La mezcla se ajusta según variaciones como la temperatura o las condiciones de la máquina, pero sin requerimientos extraordinarios.

Durante el proceso de impresión, se realizan cortes entre capas para habilitar el fragüe del material —el proceso químico mediante el cual el concreto, cemento o mortero se endurece y pierde su plasticidad—.

Cabe aclarar que la impresora únicamente construye la denominada “obra gris,” es decir, lo relacionado con el hormigón: estructura, paredes, escaleras, canteros e incluso mesadas. Posteriormente, es necesario realizar las terminaciones, instalaciones y detalles finales.

Esta última etapa requiere del trabajo humano. La tecnología “no busca reemplazar a los trabajadores,” sino que permite transformar sus labores y reducir aquellas que implican mover cargas pesadas. “Las terminaciones, la operación y la supervisión de la máquina necesitan al humano,” enfatiza.

La aplicación de esta tecnología no se limita solamente a la construcción de viviendas, ya que Salvatto explica que también es viable en proyectos de ingeniería civil y minería. “Es una fábrica de premoldeados portátil. Puedes llevarla a cualquier lugar; solo necesitas nivelarla en el terreno y comienza a imprimir,” detalla.

Una de las limitaciones actuales es la altura: el modelo que utiliza Grondplek permite edificar edificios de hasta tres plantas. No obstante, el avance tecnológico es continuo.

Según el emprendedor, ya han comenzado a aparecer máquinas con guías horizontales que permiten imprimir en serie. “Puedes crear cinco lotes adosados e imprimir uno tras otro,” precisa.

“Es mi primera incursión como emprendedor en el mundo de la construcción,” comenta Salvatto, quien también cofundó Asteroid, una compañía dedicada a la tecnología inclusiva.

La idea nació en una reunión, cuando un amigo mostró un video de una impresora 3D destinada a la construcción. “¿Qué? ¿Eso existe?” recuerda haberse preguntado junto a sus colegas.

Desde entonces, comenzaron a diseñar el negocio y viajaron por Europa en busca de los mejores fabricantes del mundo. Finalmente, encontraron la máquina deseada en Copenhague, Dinamarca. “Hacen las Ferrari de las impresoras 3D de hormigón,” describe.

La empresa en cuestión era Cobod, y después de conocer el producto y su operativa, Salvatto y sus socios lograron convertirse en los distribuidores oficiales de las máquinas para Argentina, Uruguay y Paraguay.

Aunque iniciaron este emprendimiento en 2021, fue recién en 2025 cuando encontraron “una empresa lo suficientemente innovadora como para apostar por esta locura”: Techint. “La que trajimos es la primera máquina de la región,” sostiene con orgullo.

Actualmente, según la página web de la empresa, han logrado imprimir más de 500 m² de hormigón, produciendo más de 1400 piezas, lo que significa una reducción del 35% en el tiempo dedicado a la obra gris.

La decisión de trasladar la maquinaria al país no es casual. “Quienes estamos en el sector privado debemos apostar por el país, contribuir al crecimiento de Argentina y generar empleo,” concluye Salvatto.

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