«Siempre se menciona la fragilidad externa del país. ¿Cómo afecta el contexto derivado de la guerra en Irán a ese escenario?»
«Curiosamente, los riesgos externos han disminuido, gracias a un shock en términos de intercambio que ha elevado significativamente los precios de los hidrocarburos. Esto es beneficioso para Argentina. Nuestros cálculos indican que, antes de este shock, cada aumento de 10 dólares en el precio del barril implicaba un incremento en las exportaciones argentinas de alrededor de 1700 millones de dólares anuales. La cuestión principal radica en la permanencia de este shock; se vislumbra un futuro más alentador para las finanzas externas del país hasta 2028. Sin embargo, la variable más complicada de evaluar es la posibilidad de un shock político.»
«¿En términos domésticos? ¿Qué escenario ven?»
«Las elecciones, que se celebrarán en 18 meses, son un acontecimiento determinante. Precisamente ahí se decidirá si los avances logrados durante este ajuste y los que aún faltan por realizar se mantendrán, o si habrá alguna forma de retroceso. Las autoridades han dejado claro que se está promoviendo un cambio cultural en la política y entre los ciudadanos, quienes ahora comprenden la importancia de mantener la responsabilidad fiscal y promover políticas de apertura comercial y económica. Sin embargo, esto no podrá ser confirmado hasta después de las elecciones. No obstante, esto no debería influir en la calificación. La consistencia en la política macroeconómica ha sido históricamente un punto débil, ya que hemos sido testigos de constantes cambios en la orientación de las políticas públicas, lo que genera dudas sobre la permanencia de las nuevas políticas. No ignoramos el mensaje del Gobierno sobre cómo esta noción ya ha sido internalizada por la sociedad.»
