En este contexto, el Gobierno sostiene que la recuperación se fundamenta en las exportaciones y una estricta disciplina macroeconómica, mientras que la oposición y diversos economistas advierten sobre un avance hacia actividades primarias que presentan una menor densidad industrial y una capacidad reducida para absorber mano de obra.
Los datos de mayo son reveladores en este sentido. El índice de producción industrial, elaborado por una prestigiosa consultora, reportó una caída interanual del 2%, interrumpiendo dos meses de mejoras consecutivas, lo que lleva a un retroceso del 0,6% en el acumulado de los primeros cinco meses del año. Por otro lado, la serie desestacionalizada mostró una disminución mensual del 0,6%, también tras dos meses de crecimiento.
El panorama no es uniforme. De hecho, el informe indica que las señales de una nueva fase de recuperación “han mostrado un ligero debilitamiento”, una frase que resume la ambigüedad del momento. Aunque se considera septiembre pasado como el inicio de este ciclo, el crecimiento acumulado anualizado apenas llega al 5,2%, el dato más bajo en expansiones industriales desde 1980.
El análisis por sectores revela razones detrás de estos resultados. La mayor contracción se ha dado en la industria automotriz, que enfrenta once meses de descenso en la producción de vehículos, además de una caída en las exportaciones y ventas locales, afectadas por altos niveles de stock y expectativas poco optimistas. Este sector ha sufrido un desplome cercano al 20% en lo que va del año.
El segundo sector en crisis está vinculado a los químicos y plásticos, donde se han sumado factores específicos, como el cese de operaciones de la única productora de negro de humo, un pigmento crucial, junto a una caída sostenida en la producción de neumáticos que se arrastra desde 2023.
A la inversa, el sector de refinación de petróleo ha logrado consolidarse como el principal pilar de la actividad. Este rubro ha experimentado doce meses de aumento y una expansión del 9,7% en el año, con niveles de procesamiento que no se veían desde 2008. Asimismo, las industrias metálicas básicas (+5%) y de alimentos y bebidas (+2,7%) también superaron el promedio.
La divergencia también se manifiesta en el destino de los bienes producidos: los bienes de consumo no duradero crecieron un 1,9% y los intermedios un 1,3%, mientras que los bienes de capital disminuyeron un 5,9% y los durables un 8,7%. Esta situación refleja otra señal preocupante: la debilidad de la inversión productiva.
En términos más generales, cerca del 40% de la industria sigue mostrando caídas interanuales, incluso en el trimestre de marzo a mayo, donde se observó una leve mejora en la recuperación. Este dato introduce un matiz importante: la actividad no solo disminuye de manera desigual, sino que tampoco se recupera de forma amplia.
Este punto se vincula con otra interpretación que comienza a tomar fuerza. Los sectores que muestran mejor desempeño están conectados con energía, minería y agro, mientras que gran parte de la industria más intensiva en mano de obra y valor agregado permanece rezagada.
El contraste se hace evidente al considerar otro parámetro. Un indicador industrial reveló en mayo una ligera caída interanual (0,3%), pero un aumento mensual desestacionalizado del 1,3%, lo que posiciona el nivel de actividad como el más alto del año y sugiere que el piso podría haber sido superado. La diferencia metodológica entre ambos indicadores no invalida la comparación, sino que refuerza la percepción de una dinámica aún inestable, con indicios que apuntan en diversas direcciones.
El mismo informe destaca que la evolución sectorial sigue siendo “muy heterogénea”, con caídas marcadas en maquinaria y equipo —más de 14% interanual— y crecimientos significativos en refinerías.
Los datos recientes acentúan la interpretación general. Estimaciones de una entidad industrial ya habían indicado en mayo un descenso más notorio de la actividad, con retrocesos tanto interanuales como mensuales y una dinámica “heterogénea” que no alteraba una situación de bajo nivel productivo. La explicación que cobra mayor fuerza se centra en un punto constante: la debilidad de la demanda interna, reconocida por más de la mitad de las empresas como el principal obstáculo para aumentar la producción. A esto se suma un deterioro en las expectativas —con saldo negativo— y una creciente cautela en el empleo industrial, donde aumentan las proyecciones de recortes en las horas trabajadas.
La comparación con los datos oficiales refuerza esta tensión. La entidad estadística había registrado en abril una caída de la industria manufacturera y una tendencia mayormente negativa a nivel sectorial, con 12 de 16 rubros en baja interanual.
Por otro lado, el crecimiento del PBI en el primer trimestre —2,3% interanual— se basó en los sectores primarios y las exportaciones, con avances significativos en agricultura, pesca y minería. En contraposición, la industria restó al nivel de actividad general y continuó asociada a una dinámica más frágil, en línea con la caída de la inversión productiva, que se redujo más de un 11% en el mismo lapso.
Este desacople entre el crecimiento agregado y el desempeño industrial también se refleja en la composición del consumo: parte de la expansión se explica por bienes importados, lo que disminuye el efecto positivo sobre la producción local. Simultáneamente, los sectores que logran mantener o aumentar su nivel —refinación, algunas áreas vinculadas al agro o insumos específicos— coinciden con aquellos que ya mostraban mayor dinamismo en informes previos.
