Borrego, quien fue convocado por el exdefensor de Lula Da Silva, Rafael Valim, deberá argumentar esta postura en tribunales internacionales, enfrentándose a un desafío complicado que ya comenzó con una presentación formal ante la ONU.
Su llegada al equipo de defensa de Kirchner representa un trayecto complejo, que incluye su participación en un organismo de la Curia romana, una participación en un congreso organizado por Vox y la presentación de un documento en oposición a la inhabilitación electoral de Marine Le Pen, todas figuras situadas en el extremo derecho del espectro político europeo.
Al ser consultado sobre la culpabilidad o inocencia de Kirchner, Borrego hace una referencia al escritor y periodista francés Jean-François Revel. «Ese hombre escribió una vez que, en un Estado de derecho y en una democracia, no hay una causa justa, porque cada uno ve la causa según su propia visión. Pero lo que sí debe haber, y es absolutamente necesario e indispensable, es un procedimiento justo», detalla.
«En este caso, yo no veo un procedimiento justo, por muchas razones», concluye en una conversación.
En la conferencia de prensa que ofreció junto a Alberto Beraldi y Valim, Borrego cuestionó la forma en que se llevaron a cabo los peritajes de las obras públicas asignadas al empresario Lázaro Báez, quien mantiene múltiples vínculos comerciales con Kirchner. Asimismo, criticó la cantidad de páginas que la Casación destinó a cada uno de los asuntos, variando considerablemente según el caso, y, quizás de manera más notoria, la total ausencia de mujeres en los momentos claves del proceso.
Enfatiza ahora la necesidad de reestructurar la Corte Suprema, que ratificó la condena el junio pasado y dio pie a la ejecución de la pena contra Kirchner. «Que un tribunal supremo funcione con tres miembros es algo único en el mundo. Y cuando he leído que despacha veinte mil asuntos, me resulta todavía más difícil de comprender. Por eso, una de las medidas que pedimos es que se recomponga la Corte Suprema», aclara.
Después de que la Corte desestimara el último recurso de la defensa, se agotaron las instancias internas, lo que es requisito para acudir al Comité de Derechos Humanos de la ONU. Optaron por ese organismo por considerarlo más ágil, aunque Borrego subraya que este ha sufrido recortes presupuestarios que han limitado sus encuentros anuales y obstaculizado su funcionamiento.
«Yo tengo la opinión de que el objetivo [de todo el proceso] era la inhabilitación. Estamos ante una inhabilitación que es una pena accesoria al delito de administración fraudulenta», sostiene, visiblemente incómodo por el hecho de que la Casación destinara apenas una «página y media» a este aspecto en más de 1500 fojas.
En medio de la disputa interna del peronismo, la intención inmediata de la presentación es lograr la anulación de esa parte de la condena.
Borrego ya había intervenido en defensa de la diputada francesa de extrema derecha Marine Le Pen, redactando un documento en oposición a la decisión del Tribunal que la encontró culpable de malversación de fondos y ordenó la ejecución provisional de su inhabilitación. «En la apelación, el tribunal redujo la inhabilitación para presentarse a las elecciones a año y medio, lo que le permite presentarse a las elecciones presidenciales francesas [en 2027]», aclara.
Procedente de Sevilla y con una vasta trayectoria en los tribunales españoles, Borrego ingresó al cuerpo de abogados del Estado hace más de 50 años. Durante la década de 1990, fue jefe del área jurídica de Derechos Humanos y representante de España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, organismo del que luego fue juez durante cinco años.
También se desempeñó como abogado del Estado jefe ante el Tribunal de Cuentas y formó parte entre 2018 y 2020 de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo español, compuesto por más de 80 magistrados.
En 2018, fue nombrado miembro consultor del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida por el fallecido papa Francisco, un organismo vaticano encargado de las políticas de la Iglesia respecto de los fieles laicos, la familia, los jóvenes y la protección de la vida.
De amplio vocabulario y disertaciones extensas que suelen incluir anécdotas y referencias filosóficas, Borrego no rehúye los temas complejos y en diversas ocasiones habla abiertamente sobre fallos relacionados con el aborto, la identidad de género y otros temas controvertidos.
Su expresividad y su estilo particular le han otorgado notoriedad, llegando a hacer viral una escena en la que simula ser una mujer llamada «Francisca Javiera» en un congreso organizado por Vox sobre «Ideología de género y denuncias falsas España/Argentina». «Cuando esto empezó a salir en la prensa, me llamaron muchos amigos transexuales», recuerda.
No obstante, aclara que el video fue «sacado de contexto» y que su finalidad era atraer la atención hacia una ley específica de Canarias, promulgada en 2019, que permite a las personas utilizar los baños conforme al género con el que se identifican. «Como abogado, me gustan las cosas lógicas», asegura Borrego.
Sin embargo, considera que polémicas como esta, a pesar de toda la cobertura mediática que reciben, deberían tener un rol menor en el debate público: «El otro día hablaba con unos amigos de Estrasburgo, jueces actuales, sobre un caso de Alemania. Una pareja tiene un hijo. Muy prudentemente, en las sentencias no se dice cómo lo tuvo… el marido resulta que dice que es mujer».
Relata el proceso de un caso en el que una persona trans, con la ayuda de una ONG, lucha infructuosamente contra los tribunales para que en el Registro Civil se le reconozca como madre en lugar de padre. «El caso llega a Estrasburgo. Mis colegas actuales lo consideran un asunto de Gran Sala, de máxima importancia: diecisiete jueces. Para terminar diciendo lo mismo: que el Convenio no obliga a que en el casillero de paternidad aparezca ‘madre'», comenta.
Señala que su lucha es en favor de los Derechos Humanos y en oposición a los textos «buenistas», que él define como aquellas narrativas que ofrecen una visión del ser humano excesivamente optimista. «No se puede legislar como si no hubiera sinvergüenzas en la vida», concluye.
