Este escenario es expuesto en el último informe de CP Consultora, que destaca un nuevo sesgo contractivo en la política monetaria durante el último mes. El análisis indica que la contención del precio del dólar en julio y agosto estuvo acompañada por un endurecimiento en las condiciones financieras. A pesar de que el Banco Central opera bajo un régimen de agregados monetarios con metas de desinflación y aumento de reservas, para la consultora la estabilización cambiaria se ha convertido en el objetivo primordial.
La estrategia adoptada responde en gran medida a un problema de oferta de divisas. Dadas las menores liquidaciones estacionales del sector agroexportador, el Gobierno busca establecer incentivos financieros para controlar la demanda de dólares en el mercado cambiario. Las tasas de interés más altas tienen como fin compensar, aunque sea parcialmente, la disminución en la oferta comercial de divisas.
Sin embargo, esta estrategia implica un costo para la economía en general. CP Consultora señala que la inestabilidad de las tasas de interés y el riesgo de episodios de fuerte iliquidez actúan como desincentivos para que las entidades bancarias incrementen el crédito. En un contexto de ingresos en declive y un mayor riesgo de incumplimiento, los bancos tienden a restringir el financiamiento o a invertir sus recursos en activos más líquidos y menos riesgosos, como los títulos públicos.
Incluso antes del reciente ajuste monetario, las tasas de los préstamos mostraban una notable resistencia a disminuir, influenciadas por el aumento en el riesgo de mora y la cautela de los bancos respecto al financiamiento del consumo familiar.
Los últimos datos de LCG refuerzan este panorama. En agosto, los depósitos en pesos del sector privado disminuyeron un 2,3 por ciento en términos reales, tras cuatro meses consecutivos de crecimiento. También se observó un freno en el crédito en pesos: los préstamos cayeron en el margen después de haber crecido en junio y julio, y en lo que va del año, han registrado descensos en seis de los primeros ocho meses.
Esta contracción se explica principalmente por las líneas dirigidas al consumo, un indicador significativo que revela cómo la debilidad en la demanda de los hogares convive con una oferta crediticia cada vez más restringida.
El movimiento de las cuentas en dólares no es suficiente para compensar la caída del financiamiento en la moneda local. Los depósitos en dólares del sector privado continuaron en aumento, mientras que los préstamos en moneda extranjera también crecieron, aunque a un ritmo más pausado. Así, la relajación normativa que permitió a las empresas sin ingresos dolarizados acceder a préstamos en esa moneda aún no ha tenido un impacto relevante.
La disponibilidad de fondos no parece ser el principal inconveniente, sino la capacidad de las familias para asumir nuevas obligaciones. CP Consultora identifica aquí uno de los límites más importantes del programa económico: la mora afecta a cerca de 6 millones de personas y, según su análisis, la degradación de los índices de incumplimiento comenzó antes de la reciente tensión monetaria provocada por la eliminación de las LEFI. La irregularidad en el crédito refleja, en su mayoría, la crisis de ingresos que viven los hogares.
En esta misma línea, LCG menciona una doble retracción del crédito. Desde la demanda, la creciente carga de las deudas sobre los ingresos familiares limita la capacidad y disposición de los hogares para solicitar nuevos préstamos. Desde la oferta, las entidades financieras tienden a endurecer la evaluación de sus clientes ante el aumento del riesgo crediticio.
Además, la política monetaria actual únicamente añade presión sobre este circuito, advierte CP. El endurecimiento de las condiciones financieras dificulta las refinanciaciones y podría agudizar los problemas de mora, justo en un momento en que es fundamental recuperar el crédito, los ingresos y la demanda. Así, el dilema se plantea entre mantener el control del dólar y sostener la actividad económica.
