Este sesgo en contra de la industria, acompañado por ataques públicos dirigidos a empresarios destacados en el sector, como Paolo Rocca de Techint y Javier Madanes Quintanilla de FATE, ha agudizado la fricción entre el Gobierno y la comunidad industrial. Esto quedó evidenciado durante la celebración del Día de la Industria organizada por la UIA, donde surgieron críticas contundentes hacia el presidente Milei y se notó la notable ausencia de figuras relevantes del oficialismo.
Desde el inicio del gobierno libertario, el enfoque antiindustrial se ha fortalecido en las políticas públicas. Un ejemplo significativo es el notable aumento en las tarifas de luz y gas, que impactaron de manera considerable a pequeños talleres e industrias. Desde el sector, este incremento en costos fijos es señalado como uno de los principales elementos que afectan la competitividad local.
También se destaca la derogación, mediante el DNU 70, de la Ley de Compre Nacional y del Programa de Desarrollo de Proveedores (Prodepro), que brindaba beneficios a las empresas que abastecían a sectores estratégicos. Según un estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), esta eliminación fue un claro golpe para la industria.
Por otro lado, se ha observado la anulación o reducción de aranceles de importación y el cese del sistema de Licencias Automáticas y No Automáticas para sectores como juguetes, textiles y calzado. Las rebajas arancelarias también se aplicaron a productos de línea blanca, neumáticos, insumos plásticos, celulares y ciertos bienes de capital. Esta desregulación, en conjunto con la apreciación del tipo de cambio, ha instaurado un esquema que favorece la importación por sobre la producción nacional, resultando en el cierre de numerosas empresas.
En la misma línea, se modificó el régimen antidumping, lo que limitó el porcentaje de derechos aplicables a ciertas importaciones y redujo a aproximadamente 18 meses el tiempo máximo de vigencia de estas medidas, a diferencia del régimen anterior, que permitía su mantenimiento por hasta cinco años con opción de renovación.
El resultado de esta apertura se evidencia en el drástico aumento de importaciones de bienes de consumo. De acuerdo al CEPA, se prevé que 2026 marque el récord en importaciones acumuladas de bienes de consumo final. Durante el primer semestre, cinco sectores abarcaron casi la mitad de esas compras: electrodomésticos, baterías y lámparas; prendas de vestir; vehículos de transporte como motos y bicicletas; productos alimenticios y farmacéuticos.
Este escenario se agrava por la eliminación de las políticas de crédito productivo que apoyaban la inversión de las pymes, luego del cese de las líneas subsidiadas del Banco Nación y el BICE.
A ello se suman la intervención de organismos relacionados con el desarrollo industrial, el cierre de la Secretaría PyME en agosto de 2025 y el desmantelamiento de programas y áreas vinculados con políticas productivas, como el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, el Instituto Nacional de Propiedad Industrial, el Instituto Nacional de Semillas, el INTA, junto con el INTI y la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo.
Las pymes, que representan el 98 por ciento de las empresas en el país y generan más del 70 por ciento del empleo, se ven afectadas en este contexto por la apertura comercial, la disminución del consumo interno y la falta de políticas específicas. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se registraron 4.020 cierres de industrias, perjudicando a sectores fundamentales como el metalúrgico, textil, de transporte, papelero, de materiales de construcción y químico, con la pérdida de 97.312 empleos en unidades productivas industriales, según datos del CEPA.
En términos generales, la industria argentina atraviesa un notable deterioro. En comparación interanual, el sector acumula una baja del 1,9 por ciento en los primeros seis meses de 2026. Sin embargo, al contrastarlo con el modelo anterior (promedio de enero de 2022 a noviembre de 2023), se observó un nivel de actividad 8,1 por ciento inferior, según el informe. Además, según los últimos datos oficiales, la Utilización de la Capacidad Instalada industrial fue de solo el 59,1 por ciento en junio, lo que indica que 4 de cada 10 máquinas del sector permanecen inactivas.
