En el año 2025, la agroindustria representó el 60% del total de exportaciones y experimentó un incremento del 9% respecto al año anterior. De cara a 2035, el objetivo es alcanzar una media de 80.000 millones de dólares en exportaciones, lo que implica un crecimiento del 53%, equivalente a un aumento de más del 5% anual en la próxima década.
Los demás sectores que podrían impulsar las exportaciones en Argentina hasta 2035, como la energía, la minería y la industria del conocimiento, se prevé que crezcan a tasas anuales superiores al 5% mencionado, aunque parten de niveles más bajos. Las proyecciones indican que, para 2035, el sector energético podría llegar a exportar entre 40.000 y 50.000 millones de dólares, lo que sería inferior a los 52.000 millones de dólares exportados por la agroindustria en la actualidad.
El reto para las cadenas agroindustriales se centra no solo en aumentar significativamente los volúmenes exportados, sino también en mejorar el valor promedio en dólares por tonelada. Para alcanzar este objetivo, será esencial poner en práctica un marco macroeconómico adecuado que integre todas las tecnologías disponibles para potenciar la productividad y la eficiencia en cada etapa de las actividades productivas. Simultáneamente, se deben crear condiciones que fomenten el agregado de valor a las materias primas, promoviendo un mayor procesamiento industrial y diferenciación por calidad, lo que aumentará el valor unitario por tonelada tanto exportada como producida.
Sin lugar a dudas, atraer nuevas inversiones para incrementar el valor del procesamiento industrial en las distintas regiones productivas y generar productos de mayor calidad y precio final constituye el mayor desafío para las cadenas agroindustriales. Esto, a su vez, generará nuevos empleos y contribuirá al desarrollo social asociado al crecimiento planteado.
La diferenciación en el precio final estará determinada por el tipo de producto, su calidad, contenido proteico, presentación, trazabilidad del proceso productivo y factores intangibles, como la sustentabilidad ambiental del mismo. Este proceso de diferenciación y agregación de valor ya ha comenzado, como se evidencia en el sector oleaginoso, donde se producen biodiésel, harinas proteicas y aceites de diversas calidades a partir de granos forrajeros y su conversión en proteínas animales. También en la cadena láctea, a pesar de algunos contratiempos, se observan aumentos en la productividad y mayores inversiones en procesamiento y agregado de valor. Sin duda, este es el camino a seguir, y Argentina apenas empieza a recorrerlo.
