El desencuentro entre Milei y la Iglesia Católica

El Gobierno enfrenta tensiones con la Iglesia Católica. Esta situación no se puede atribuir únicamente a la afinidad del Presidente con la religión judía, ya que el diálogo interreligioso, fomentado por el entonces cardenal Jorge Bergoglio desde Buenos Aires, ha persistido y abarca todas las religiones, con énfasis en las tres monoteístas: cristianismo, judaísmo e islam. En este contexto, y también durante el gobierno del kirchnerismo, el 25 de Mayo ha dejado de ser solo una Fecha Patria para convertirse en un escenario de constantes tiranteces entre la política y la jerarquía católica, especialmente por las homilías de los arzobispos de Buenos Aires en el Tedeum.

La homilía del lunes del actual arzobispo, Jorge García Cuerva, generó descontento tanto en Milei como entre sus acérrimos seguidores. Aunque el Presidente se mostró cauteloso en su crítica a García Cuerva, describiendo como «exagerados» algunos fragmentos de su discurso, sus representantes no dudaron en ofender y descalificar al líder religioso. Cabe mencionar que el arzobispo se abstuvo de referirse a la corrupción política en un momento en que se ventilan casos de deshonestidad en el ámbito público.

La figura de Bergoglio es añorada, recordándose que en su única homilía ante Néstor Kirchner reprochó a los políticos por la corrupción. Después de ese episodio, ninguno de los Kirchner acudió nuevamente a un Tedeum presidido por Bergoglio, optando por eventos en provincias donde la tolerancia parecía ser mayor.

En su intervención, García Cuerva se centró en criticar justificadamente la fragmentación social y la violencia en redes sociales, exacerbada por un oficialismo que busca la hegemonía en X (anteriormente Twitter). Se limitó a pedir por la pacificación nacional y exhortó a detener la división. «Basta de arengar la división y la polarización», señaló, añadiendo que la situación de las redes podía ser catalogada como «terrorismo en las redes». Esta parte de su discurso desató la posterior reacción de Milei, quien también tachó su expresión de «exagerada». El Presidente defendió que es natural «combatir» entre quienes quieren y no quieren que «las cosas cambien», aunque la violencia, verbal o física, no debería formar parte del diálogo democrático.

Sin embargo, la moderada respuesta presidencial sirvió de aliciente para que sus seguidores más fervientes, liderados por el diputado Bertie Benegas Lynch, atacaran al arzobispo, describiéndolo como un «militante con sotana» que habría «romantizado la pobreza». La Iglesia ha mantenido una constante defensa de los sectores más vulnerables de la sociedad, algo que históricamente a incomodado a los gobernantes argentinos.

Mientras haya pobreza, la Iglesia continuará abogando por los necesitados, y es difícil ignorar las largas filas que se forman diariamente cerca de sus instituciones en busca de alimentos.

En el país, la situación es crítica: cerca del 30 por ciento de la población, posiblemente más, vive bajo la línea de pobreza. El arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, ha hablado sobre las dificultades de los pobres y la clase media. En este marco, Benegas Lynch acusó a García Cuerva de enfocarse en la «demonización del individuo», aunque dejó sin explicar a quién se refería con tal acusación.

La crítica de Benegas Lynch fue superada por Nicolás Márquez, biógrafo de Milei, quien descalificó a García Cuerva refiriéndose a él como «obispillo», además de atacarlo por su designación por el «apóstata Bergoglio». Este término, que implica una renuncia a la fe religiosa, revela una notable coincidencia entre Milei y Márquez, dado que el Presidente ha descalificado en el pasado al Papa Francisco.

A pesar de las controversias, Francisco había planeado visitar Argentina durante el mandato de Milei, pero su enfermedad se lo impidió. Sin embargo, existe una marcada tensión entre las perspectivas liberalizantes de Milei y los principios tradicionales de la Iglesia, que por lo general no coinciden con sus inclinaciones. Mientras Milei se apoya en la economía de la escuela austríaca, este tiene derecho a ello; sin embargo, no debería permitir que sus voceros se lancen a la ofensiva contra quienes piensan diferente, incluidos los líderes religiosos.

Por otro lado, el gobierno de Milei ha decidido distanciar al país de las comisiones de derechos humanos de organismos internacionales, recordando decisiones previas del gobierno de Trump, que retiró a Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Aunque muchas de las resoluciones de dicho Consejo son cuestionables, la retirada de naciones democráticas refuerza la influencia de regímenes autoritarios. Sería crucial que los países que valoran la democracia formen parte de estas instancias para denunciar violaciones de derechos humanos.

Una pregunta pertinente es si Milei debería guiar su política exterior siempre conforme a las orientaciones de Washington. Este año, Trump decidió retirar a EE.UU. de la Organización Mundial de la Salud, y Milei replicó esa estrategia con la Argentina. En un mundo lleno de conflictos, se percibe que estas decisiones han llevado a una situación de irrelevancia difícilmente sostenible para potencias históricamente influyentes. La guerra entre Rusia y Ucrania sigue, y las acciones del actual presidente estadounidense se cuestionan constantemente.

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