Esta medida fue adoptada luego de que se informara que la deuda nacional bruta de EE. UU. superó por primera vez los 40 billones de dólares, un hecho que algunos analistas consideran un «hito ominoso» tras décadas de endeudamiento para sustentar el incremento de los gastos en defensa, los programas de bienestar social y los recortes impositivos implementados durante la administración Trump.
En este contexto, el 24 de agosto el precio del oro, según el índice COMEX, alcanzó los 4.700 dólares por onza, marcando su nivel más alto desde mayo pasado, con un incremento del 5,3% en el periodo del 20 al 24 de ese mes. Giovanni Staunovo, experto en materias primas de UBS, mencionó que el crecimiento de la deuda estadounidense y la debilidad del dólar son factores que impulsaron esta alza; y hoy esas mismas inquietudes resuenan en los mercados.
Según sus declaraciones, prevén que el precio del oro podría subir hasta 5.400 dólares por onza en el próximo año.
Esta situación podría repercutir de manera positiva en la economía argentina, que a finales de noviembre de 2025 registró un récord en sus exportaciones de oro, a pesar de que la cantidad del metal precioso realmente exportada fue inferior.
Simultáneamente, los precios de la soja y el trigo en la Bolsa de Chicago, un referente global en el mercado de granos, se dispararon, alcanzando niveles que no se veían en más de dos años. Este aumento fue incentivado por nuevas importaciones de China desde EE. UU. y los temores sobre los efectos del fenómeno El Niño en las próximas cosechas.
A pesar de la distancia, Argentina se ve afectada por las crisis financieras que ocasiona el desplazamiento de los inversores hacia activos considerados menos riesgosos. El Atlantic Council, un think tank estadounidense, señala que «los períodos de alta incertidumbre o noticias desfavorables desde EE. UU. pueden llevar a los inversores a reducir el riesgo. Como los activos de los mercados emergentes son vistos como más arriesgados, esto provoca una fuga de capital hacia opciones más seguras, como el oro».
Esta dinámica podría impactar en el Cono Sur, ya que la reasignación de activos podría «elevar los rendimientos y los diferenciales de los mercados emergentes», resultando en una drástica reducción de la disponibilidad de crédito para países como Argentina.
En esta «huida hacia la seguridad», algunos activos que tradicionalmente no se definirían como «seguros» también han registrado un incremento notable. El caso del bitcoin es representativo: desde el 19 de agosto hasta la fecha, su valor se incrementó más del 23%, alcanzando un pico cercano a los 80.000 dólares, una cifra que no se veía desde mediados de mayo.
Este fenómeno fue también comentado por un informe de The Economist, el cual afirmó que la información sobre el aumento de la deuda y la recompra de bonos a largo plazo ha llevado a los inversores «temerosos» a retomar las «operaciones de devaluación», es decir, a trasladar capital de monedas fiduciarias, como el dólar estadounidense, hacia activos tangibles como el oro y el bitcoin.
El impacto global de esta situación sigue siendo incierto. Michael Peterson, presidente de la Peterson Foundation, describió el nivel de mala gestión fiscal de la administración Trump como «trágico» y expresó su preocupación por la falta de acción, enfatizando que «el hecho de que los mercados financieros estuvieran bien ayer no asegura que seguirán así mañana».
