Adorni no era un miembro fundacional de La Libertad Avanza, aunque varios de sus predecesores se habían retirado antes que él, llevando consigo una pesada carga de deshonor. Su papel no se caracterizaba por el manejo de territorios o estrategias, sino que se presentó como vocero en diciembre de 2023, destacándose por su habilidad para transformar mensajes en relatos efectivos en las redes sociales. Esta visibilidad lo catapultó a convertirse en candidato en las elecciones del año anterior.
El 1 de marzo, poco antes de que se desataran las primeras noticias sobre él en medio de un viaje a Nueva York, el Presidente selló inconscientemente el destino de su jefe de Gabinete al declarar que 2026 sería el año de la moral en Argentina. Desde ese momento, cualquier esfuerzo por sostenerlo ante la incesante ola de información resultó condenado al fracaso.
El viernes, desde España, Milei vinculó la salida de Adorni a lo que dispusiera la Justicia. Lo que algunos consideraron un cambio de postura fue en realidad la ambigüedad entre un posible procesamiento inmediato o una eventual condena que podría tardar años. Sin embargo, la condena social se había establecido previamente, sin necesidad de pruebas, basándose en simple especulación.
Transcurridos cien días, la figura de Adorni le costó al Gobierno mucho más que una simple crisis de imagen: erosionó su autoridad política, complicó la agenda legislativa, dificultó las negociaciones con aliados y socavó una de sus promesas más preciadas, la de la austeridad y la transparencia. Cualquier intento de reelección el próximo año requerirá alinearse bajo otros principios.
La renuncia, anunciada el 27 de junio, cierra un capítulo que desde marzo acumuló daños reputacionales, ruido en las redes y desgaste ante la opinión pública, un leve consuelo para La Libertad Avanza en un año no electoral. La mera existencia de Adorni se tornó incómoda no solo para quienes cambiaron de bando.
A medida que avanzaba su historia, Adorni se fue quedando solo, distanciándose de las viralizaciones en Twitter de sus primeros días. Incluso entre sus aliados más fervientes en el Congreso había dudas a la hora de respaldar un dictamen en contra de una interpelación que se trataría en la comisión de Asuntos Constitucionales la semana siguiente.
En su última aparición ante Diputados, quienes lo respaldaron se pelearon por los asientos más recónditos, contrastando con el 1 de marzo, cuando Milei se presentó ante el Congreso consolidando a los libertarios como primera minoría.
«La confianza y la ética son dos elementos fundamentales para profundizar el cambio que el Presidente, la gente y todo el país estamos construyendo», fue el mensaje de despedida del ex jefe de Gabinete, pronunciado por Patricia Bullrich, a quien Adorni había dejado en ridículo con un tuit previo a su renuncia. Su salida también representa una victoria silenciosa para Bullrich, si bien ella se muestra discreta al respecto.
A pesar de todo, el dato político es que, al final, Milei no rompe su promesa, simplemente lo deja ir. «Gracias por aceptar esta vez mi renuncia», expresa Adorni en el inicio de su carta. Este gesto de lealtad hacia el interior del Gobierno podría ser contraproducente para el Presidente frente a la opinión pública, dejando a la vista una interrogante que permanece sin respuesta: por qué lo mantuvo tanto tiempo.
Esta persistencia trajo consigo un efecto tangible: el oficialismo terminó abordando temas de sospechas, patrimonio, viajes y criptomonedas, en lugar de enfocarse en la gestión, reformas o resultados. La lealtad hacia un individuo compromete la iniciativa de un proyecto político y económico. Para un Gobierno que ha basado gran parte de su legitimidad en la crítica a la vieja política, este golpe fue especialmente perjudicial para su imagen.
Las encuestas también revelan la erosión de su imagen pública. Zuban Córdoba muestra desde hace tiempo un marcado descenso en la aprobación del Gobierno, con un índice de desaprobación que supera el 58%. Adorni se ha convertido en uno de los nombres más desprestigiados.
Opina Argentina, en sus recientes sondeos, ha delineado un panorama con límites políticos que antes no existían para el oficialismo: el respaldo se limita al núcleo duro, y las posibilidades de crecimiento se ven condicionadas por una combinación de economía débil, conflictos políticos y pérdida de credibilidad.
Estos análisis ensombrecen las señales positivas registradas en sectores de la economía. Paradójicamente, el último Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella mostró una leve mejora del 3,9% mensual, aunque en este contexto no es suficiente para revertir el deterioro acumulado ni para solucionar el problema subyacente.
La renuncia no borra la experiencia vivida. Más bien, la confirma. Adorni partió en un momento en que el desafío no solo era su continuidad, sino el costo que Milei había asumido por haberlo mantenido tanto tiempo. Su salida puede cerrar una puerta, pero no elimina las huellas que dejó la dilación.
